Siempre hay motivo para la esperanza. Excepto para el muerto


El vacío no se conserva, si acaso se transforma. Según se va muriendo algo, según se va perdiendo, otro elemento ocupa su espacio. No se queda vacío, enseguida el esqueleto es tapado por nuevas vidas. Así que siempre hay motivo para la esperanza. Excepto para el muerto, claro.