El pan. Una de las mejores armas de destrucción masiva


Es fabuloso, qué listos somos.

Primero les provocamos el hambre, la necesidad de que necesiten pan todos los días y de que no les sea fácil conseguirlo.

El hambre les ataca.

Y entonces aparecemos nosotros con bolsones de pan duro, que les repartimos sin acercarnos mucho a ellos, no nos vayan a morder.

Ya los tenemos pillados, ya son nuestros criados, ya han aprendido a obedecernos sin mucho esfuerzo.

Y solo hemos invertido en pan duro y en unos bolsones de rafia. Y si acaso en unos voluntarios buenísimos que son los que se acercan a paliar su hambre, por si se vuelven violentos.

Somos fabulosos.