Los humanos somos como los patos, pero sin tantos colores


Me gustan los palomos de ciudad, también los patitos guapos o feos de riberas urbanas, los indefensos animalillos que se dejen observar para verlos comportarse de cerca entre los edificios de una gran ciudad. Son los mas débiles de la cadena y ellos no lo saben. Aunque vistas las debilidades de los humanos, cuesta creer que sean los mas flojos.

Los patos, las gaviotas o palomas, los gorriones y jilgueros sobre todo son como animales de compañía pero en plan callejero hasta que un chino los pilla para servirlos laqueados. O igual no, y es otra leyenda urbana más. ¡Hay tantas tonterías!

Sus naranjas, amarillos o azules los convierten en machos bonitos, algo que para sí quisiéramos los humanos, feísimos todos aunque ahora algunos se depilen. Un hombre desnudo es feo, lo sé porque me miro al espejo por obligación. 

Podríamos ser como los patos. Llenos de vivos colores. Pero sin distinguir entre los de un sexo y los de otro por los colores de nuestra piel. No merece el color ser empleado solo para eso.

Podríamos ser como los patos y fiarnos del gigante que se quiere acercar a vernos beber. No, no somos capaces. Los gigantes siempre que se nos acercan es para fastidiarnos.