Las flores no se quejan del frío ni del calor. Hacen su función con calma


La naturaleza se abre camino sobre sí misma. Si vemos esta flor podemos observar como se va despegando un pétalo sobre el resto del capullo, para abrirse del todo, desplegándose, dejando un surco blanco que enseguida se cubrirá naturalmente de su color rosado de flor abierta. Se va moviendo, se estira, crece, se separa un pétalo del otro y a su vez va cambiando de color lentamente. Todo de forma suave, sin intervención más que del sol y de los mecanismos de vida natural que tiene la planta. 

Y esto lo hacen siempre igual, miles de años tras miles de años, sin intervención de los humanos que a veces demostramos que para según qué funciones somos más torpes que una simple flor. Por ejemplo nosotros no somos capaces de cambiar de color por partes. Ni tampoco ir abriéndonos mientras en nuestro interior van creciendo otras partes imprescindibles, a la luz del sol, y sin quejarnos del frío o del calor del sol.