La fotografía como parte de nuestro pasado que vemos en el presente


Una fotografía siempre es muestra de un pasado determinado, siempre enseña una acción del pasado en el presente del espectador. E incluso a veces nos podemos llegar a creer que intenta mostrarnos ideas para el futuro que imaginamos constantemente. Todas las imágenes que vemos siguen vivas y a veces se transforman en otros mensajes. Incluidas esas fotografías familiares de personas que ya no nos miran.

El papel principal de la fotografía es recordarnos, lograr que volvamos la mirada hacia dentro y ejercer un poco de testigo pasado para obligarnos a pensar. Sucede igual con el Arte en general. 

Nos transporta a un tiempo, a un lugar, a una situación, a una forma de entender las escenas y situaciones. El idioma que se utiliza forma parte de ese tiempo, y no puede observarse correctamente sin tenerlo en cuenta.

Pero en ese viaje por el tiempo, en el que incluso el presente es falso pues si la miramos en distintos momentos la misma fotografía vive diferentes presentes, se va transformando según nos encontremos nosotros en cada tiempo de la contemplación. 

La misma fotografía nos puede decir cosas distintas en diferentes momentos.

Pero además dirá diferente diálogo según el espectador que la contemple. 

Como la fotografía artística o no juega con sensaciones, con estados de ánimo, con experiencias personales, la misma imagen puede hablar o permanecer callada, expresarse en positivo o en negativo, llegar más o menos hondo al interior de quien la contempla.

Toda fotografía tiene dentro, detrás en el tiempo pero siempre en el interior de su imagen, una historia. 

Si vemos una imagen familiar de hace 50 años y que era simple en su momento, hoy es capaz de expresarse de otra manera, pues la miramos desde otra óptica temporal. 

La fotografía ha cambiado simplemente porque nosotros hemos cambiado y ya se expresa de otra manera.