Las mascarillas son para no oler la putrefacción de estos tiempos


Entre las sombras salía la solución egoísta de que otra persona tuviera que venir a calmar nuestras ansias de ocio. Era el consumismo programado para que nada parara. Ese esclavismo amable del siglo XXI que vemos con lujuria y colorido. Somos todos de la misma madera, de la misma escuela de esclavos. Solo nos diferencia la túnica.

Nota.: La trilogía primera sobre la pandemia no debía estar vacía de los que se juegan el contagio todos los días por nosotros los espectadores casi ausentes. Los médicos y enfermeros, seguro. Pero también los repartidores, los trabajadores que nos sirven a veces incluso simplemente vicio, a los que no queremos ver como personas sino como servicios a los que a veces llamamos esenciales para que no nos los quiten. Por ellos. GRACIAS.