Es puro teatro, y no es poco. Es la vida que nos creemos

La capacidad de sorpresa de las personas es casi infinita. Aprendemos de todas ellas solo con movernos en su búsqueda. Las vemos actuar y apuntamos con nuestra memoria lo que vemos. Y nos preguntamos ¿Por qué, para qué?

En esta misma plaza hay decenas de personajes plastificados y diferentes esperando que algunas personas siempre paseantes esporádicos, se hagan una foto con ellos a costa de una moneda. 

Es el circo de la vida, el teatro de la calle, los deseos de estar acompañados de alguien al que consideramos diferente. 

Otra cosa es complicado de entender. Es puro teatro, y no es poco.

Una madre, su hija. ¿Necesitaban más compañía que el escenario de la plaza, para quedar inmortalizados? Ellas al menos han elegido a una mujer que habla del agua, y no un dibujo animado rancio y con la ropa llena de mugre. Ni tampoco al clásico viejuno y falso de los vestidos de andaluces, toreros o chulapones. 


En su país natal —da igual en qué tierra— enseñarán la imagen e intentarán explicar que aquí, somos así. Que hablamos del agua y de las gotas. Al menos es una frase bonita.