Las pisadas firmes de una libertad que volaba

No andaba, desfilaba. No avanzaba sin ton ni son, iba hacia el agua para comer. No volaba, pisaba con seguridad pues estaba sola. Yo legué después y solo pudo observar sus pisadas. Había estado allí, pero no quiso esperarme. Y lo entiendo pues yo no soy de fiar viniendo de los humanos. Es posible que la viera luego volar sobre mi cabeza, pero ya no la reconocí.