¿Y si todo en la vida fuera un circo lleno de colores?

En segundo plano y casi en silencio para que no nos tachen de locos, debemos reconocer que casi todo es un circo. Movemos animales racionales para que nos entretengan, hacemos piruetas, tenemos programas vitales de humor y tendemos a reírnos de todos los que se nos acercan. Metemos miedo o ponemos luces potentes para engañar. Nos venden los caramelos o piruletas que ellos quieren y la función se acaba entre cansados y esperanzados en que mañana haya más de lo mismo. Reímos o nos emocionamos, y casi siempre aplaudimos por las escenas que nos hacen ante nuestras miradas, para convencernos de que es la más grande del mundo mundial.