Y los hilos se habían caído hacia el suelo. El piano no sonaba

El músico estaba cansado y apoyó su cabecita sobre el piano. Se le habían agotado los dedos de tanto pulsar. Intentó dormirse unos momentos, pero no le dejaban los sonidos del trapicheo del mercadillo. Su amo, muy buena gente, le había dejado descansar pues sabía que sin él… la música no sonaba igual. El piano descansaba también. Y los hilos se habían caído hacia el suelo. ¡¡Chiss!!