Escaleras rotas con luz amarilla en la Zaragoza en construcción

Subíamos por las escaleras del derribo cuando miré hacia abajo. Seguía entrando la luz de la calle. Pero no entendí por qué era amarilla si la calle era luz brillante azulada. Miré hacia dentro, a mi izquierda, y todo era oscuro y lleno de polvo. Supe que en breve vivirían personas que nunca verían lo que yo. Ellos llegarían ya sin polvo ni escorchones.