¿Cómo detectar que nos estamos volviendo mayores?

Uno se hace mayor cuando te lo reconocen los demás en silencio, pero hay otros sistemas para detectar a los preancianos, estos seres extraños y algo grises como no seamos capaces de tomar decisiones atrevidas y que empezamos a tener una edad suficiente aunque todavía creemos que podemos dar el tipo ante cualquier situación.

Un detalle importante para detectar si nos estamos haciendo mayores es observar si ya tomamos medicinas de manera crónica. En cuanto una persona empieza con la pastillita diaria para esa tontada que no es nada…, ya hemos empezado a caer.

Un colesterol algo tocado, un dolor idiota que no se sabe bien de dónde viene, alguna pequeña depresión sin motivo, algo de ayuda para dormir mejor. Son ligeros síntomas de que la mecánica empieza a sufrir algunos desajustes. Unos pelos que nacen donde no deberían, otros que se van para siempre, algunos cansancios, ciertas torpezas. La badana del motor ya no cierra como antes y hay pérdidas.

No olvidemos nunca que nuestros antepasados se morían de viejos en cuanto enfermaban de algo, y por mucho que deseemos seguir aquí eternamente, estamos a costa de los avances de la humanidad, de la sociedad que estudia.

Y es bueno recordar —para consolarnos al menos— que no todos los ciudadanos del mundo tienen la misma suerte que nosotros. Nosotros estamos en manos de los laboratorios que nos ofrecen pastillas, pero la inmensa mayoría no tienen esa suerte. ¿Pero… es suerte o negocio?

Si te equivocas salen ácidas o incluso muy ácidas

Es maravilloso poder contemplar todas las edades a la vez.

—¿De verdad es maravilloso, me pregunto muy en serio? —es admitir que la muerte viven entre la vida más hermosa.

Estoy hablando de moras, no hay que confundirse, y las moras están a expensas de ser arrancadas de cuajo por unos dedos suaves y lentos que intentan no pincharse. Es importante entender de las edades de la vida si te decides ir a recoger moras. Si te equivocas salen ácidas o incluso muy ácidas.

Una rotura no eterna, pues la estamos leyendo

El ordenador junto a la escritura te ayuda a encontrarte contigo mismo. Escribir estas líneas aquí solo en el salón comedor mientras todos los demás todavía duermen es un pequeño lujo de soledad acompañada. 

Estamos los tres; tú como lector, mi ordenador y yo. A ti no te conozco, no se quien eres pues puedes ser varios y sobre todo no te conozco ahora que me lees pues has cambiado desde que te escribí…, pero lo curioso es que tampoco me conozco yo. Al final será el ordenador al único que conozco algo, y encima a veces se pone tonto.

Sin ti como lector o lectora no sería nadie ahora. En estos momentos de relación conmigo para sacar mis tripas necesito siempre el espejo de otro, de un posible lector que me lee con los años. Esto te lo escribo en enero de 2005, para que tengas espacio tiempo junto a las letras.

Pero como sé que es muy difícil que existas, me releo para al menos saber que yo sí que no he fallado a la cita, y hago mi doble personaje obligatorio. Escritor y lector de sensaciones por si acaso tú… no estás.

Leerme lo propio me ayuda a crecer, a reafirmar lo que pienso, porque bebo de las mismas aguas que creo ser. Me auto complazco de que es posible ser como soy, de que hay más como yo dentro de yo. Pero me preguntó… ¿cómo seré yo cuando me lea esto tras los años? Ni tú ni yo lo sabemos.

Es nuestra cruz de los deseos. Es Huesca

Las ofrendas siempre se hacen a los iconos, a los recuerdos, a los lugares, a los símbolos. Y como ofrenda sirve desde la palabra a unas flores, desde un trozo de vida a unas ramitas de amor. No es tanto el qué como por el qué. 

Esta cruz está en una ermita de Huesca. Tal vez incluso escondida y por eso elegida. Pero es nuestra cruz de los deseos.

Un japonés cabezón con cuatro pelos

Si ayer hablábamos del arte japonés como reflejo de su propia sociedad, hoy os dejo otra imagen de un tapiz japonés mostrando a un cabezón sin fisuras. Cuando la fotografía no había llegado al mundo también había necesidad de seguir mostrando las curiosidades que existían en las sociedades, y era el arte pictórico el que retrataba las diferencias.

Cuánto hace que no te pones los pies a remojo en las aguas de un arroyo de montaña?

Las imágenes muchas veces vienen al encuentro de los espectadores, queriendo atraparte para que te fijes en ellas. Esta de arriba es una sección de un cartel japonés donde podemos ver a diversas personas de la sociedad antigua japonesa disfrutando de la calma de sus vidas. Un retrato social donde poner en valor simplemente la tranquilidad.

Vemos a un hombre con los pies metidos en un arroyo, mirando a sus contertulios pues nos queremos creer que en aquellos tiempos y momentos, se hablaba y mucho más que ahora. 

El valor de la obra de arte, incluso de la caza fotográfica de esa sección en concreto… radica en la tranquilidad que desarrolla, en la paz tan difícil de lograr ahora. 

¿Cuánto hace que no te pones los pies a remojo en las aguas de un arroyo de montaña o de valle?

Mis cuatro pueblos de momento, y sus sabores

Mi primer pueblo fue Soto de San Esteban en Soria, el segundo fue Gurrea de Gállego en Huesca. El tercero ya fue Cambrils en Tarragona para demostrar que iba creciendo en posibilidades, y el cuarto está siendo Anzánigo otra vez en Huesca. 

Es como un recorrido vital desde las eras de un pueblo pequeñito pasando por los colorines de un pueblo turístico para terminar en la plaza de Anzánigo que es el verde contrapunto y donde el silencio suena a río. 

En medio quedan ciudades con mucha enjundia como mi Zaragoza y mi Madrid. Yo no soy madrileño para nada, pero es que Madrid no es de los madrileños. 

Todos los buenos platos de la cocina necesitan especias que den sabor y contraste. Por eso tengo siempre unos polvos de San Sebastián, otros de Bilbao, unas hojas secas de Barcelona o Valencia, unas gotas de Soria y un ramillete de New York. 

Con todo eso voy construyendo el camino. No hay más. O si.

Cartucho es un perro cazador pero desempleado

 
Cartucho es un perro cazador que ya no tiene trabajo. Antes era de El Barbas que era un personaje de Berlanga sin que ninguno lo supiera. O casi, pues participó de extra en una película de la Celtiberia escondida donde la caza sigue siendo un elemento prehistórico que gusta enseñar. 

Cartucho es un perro a manchas ocres y amarillas con pelo largo sin peluquería y que me conoce del pueblo vacío, por eso cuando me paseo por sus calles se acerca para que le rasque la cabeza en señal sumisa mía hacia él. 

Está cochino que es como están los perros de los pueblos que casi no tienen amo. Pero yo le rasco la cabeza y luego me lavo las manos sin decírselo a Cartucho para que no le entre un mal moral. 

Cartucho me quiere pues no hay tantos que le rascan la cabeza, por debajo y por arriba. Pero es muy suyo. Permite que le toque un rato solo, donde se me apega hasta casi empujarme. Me quiere sentir, me quiere tocar y decirme que yo soy suyo. Y su amor me llega. Y su mando en plaza.

No le digo nunca que yo no soy de nadie. Ni de mí mismo. Igual me ladraba entonces.

Los otoños actuales son grises, con miedo contenido

Estoy (estamos) en otoño que es como anticiparse al frío. Ahora ya no hace fríos en los inicios del otoño. Nos hemos cargado el veranico de San Miguel. Los árboles del Pirineo dudan de si empezar a amarillear, pues es el momento… pero no sienten frío ni muerte. 

Han decidido en una reunión del fin de semana esperar un poco. Los árboles se reúnen en silencio, pero nunca dicen dónde. Para que no vengan los grises a disolverlos. 

La policía de Franco era gris y ese traje se lo debió elegir algún comunista escondido entre sus filas. Gris. Los grises. Los árboles no entienden de policías pero sí de grises. Los odian.

Las pelusas de la escritura son más fáciles que las del habla

Me gustaría ser un brujo de la escritura, engañaros siempre, practicar y aprender mientras os miento. Lo hago con la fotografía pero eso es más sencillo. Con la palabra se permite jugar más y equivocarse más. 

Escribir no es hablar, creo, pues si pudiera hablar como escribo sería la hostia. Cuando se habla no se permite revisar, corregir, añadir o quitar. 

Escribir es mucho más fácil que hablar y os lo digo yo que hablo demasiado. No soy capaz de hacer caso a Baltasar Gracián y sus consejos sobre el silencio.

Pajitas de secano que contiene higos en sus veras

Hoy de postre me he tomado dos higos de carretera, tiesos, rojos por dentro y negros por fuera, tremendamente azucarados y raros de conseguir. Hacía 20 años que no los probaba. 

Sé que me pueden dar alergia y no sé el motivo, pero su lechecilla me da como una ligera urticaria que tengo que intentar combatir con urgencia. Y no tengo bilaxten. Creo que la lujuria del higo me va a castigar otra vez. 

Son del Aragón de campo pero eso no me logrará perdonar. Ya noto el inicio del picor. Los higos de ribazo son más gordos pero menos sabrosos pues llevan más agua. Es la clásica diferencia entre secano y regadío.

Estamos en tiempos mediocres donde cualquier saltamontes puede opinar

Me llaman para conocer mi opinión sobre dos partidos políticos primos y hermanos, para confluir con uno o con el otro. Tengo que apelar a bastante más que la ideología y me baso en alguna zancadilla que uno de ellos hizo para joder a mi partido político. Hay que tener cuidado con las prepotencias pues unas van y otras se van. Unas crecen y las otras se pueden volver contra o a favor de los mancillados. Cosas del tiempo. A veces me pregunto si sé lo suficiente para opinar de algunos temas complejos. Y cuando me comparo me respondo. Estamos en tiempos mediocres donde cualquier saltamontes puede opinar y decidir.

Hay tantas cosas que quiero decirte…

La artista estadounidense Sharon Hayes es sobre todo una activista de lo que ella considera injusto y plantea siempre trabajos diversos nunca clásicos donde el arte es una herramienta más para plantear dudas, quejas, gritos o suspiros. En esta fotografía he querido transmitir uno de sus discursos más cortos, a través de mi cámara subjetivo. Es puro surrealismo pues trasciende del realismo objetivo, para tener sentido dentro de la obra de la artista y de su exposición global.

El texto podría ir dirigidos hacia varias opciones. Desde ser una declaración de amor a ser un grito de guerra, que es en este caso lo que realmente nos plantea Sharon Hayes.

“Hay tantas cosas que quiero decirte” que con una exposición de mis obras no tengo suficiente. Así que utilizo palabras, gritos, cartelería, voces, movimientos.

Límite. Implosión. Fotografía. Montaje escultórico

Esta es la clásica obra dual entre unos artistas que crean una obra para una exposición (María Luis Fernández y Juan Luis Moraza, titulada "Límite (implosión)" y una mirada fotográfica de dicha obra.

En cuadros pictóricos esto es imposible. Siempre hay que mirar de frente y todos los espectadores vemos lo mismo. Pero en escultura o en otras disciplinas artísticas, el espectador es quien configura la obra final con su punto de vista. Cada persona ve la obra de una manera diferente. No es una sino cientos. Incluso se puede mezclar con la mirada fotográfica de quien acude y caza su propia mirada.

Tenía la misma edad que la puerta, pero menos ágil

Dos ojitos que escondían el truco y el trato para entrar. Una manilla para darle la vuelta y acceder. Muchos años encima.

La madera crujía pero seguía sosteniendo el escenario. Parecía teatro, pero funcionaba todo muy bien.

El peor de todos era el dueño que con la gayata sujetando sus piernas intentaba hacer girar la llave y no podía. La misma edad que la puerta.

Que nadie te diga qué quieres. Un aplauso al diseño

Muchas veces la fotografía nos la entregan hecha, ya montada. Simplemente tenemos que mirar y ver. Cazar y tomar la pieza. Este es uno de esos ejemplos. La belleza del cartel es contundente.

El diseñador del cartel junto a la persona creadora del texto, que puede ser la misma o no, crearon aquí para una Caja de Ahorros una pieza de arte.

"Que nadie te diga qué quieres"

La tipografía está bellamente elegida dentro de una simplicidad fabulosa. El blanco de fondo es perfecto, y los colores degradados del texto le ofrecen vitalidad, movimiento. 

Estoy seguro que lo que más costó decidir fue si poner o no poner las líneas de la base del texto, para remarcar, enmarcar, poner en más valor el poco texto, incluso jugar con la pedagogía del recuerdo escolar.  Sin duda como fotógrafo y diseñador, un aplauso, como cazador de miradas mientras ando, un trofeo que me he llevado.

Qué es la Nueva Objetividad o la Escuela Düsseldorf en fotografía?

Vamos a imaginarnos un ejercicio práctico y fotográfico de sencilla explicación. Nos vamos a basar en la Nueva Objetividad, en fotografiar un objeto sencillo, simple, que todos vamos a reconocer enseguida. Puede ser el que queramos, aunque si el ejercicio fuera real el monitor nos indicaría qué debemos fotografiar. Por ejemplo unas piezas de tela al corte, como vemos en la imagen de arriba.

Volvemos con la imaginación a ver un puesto callejero en un rastro, donde se venden telas al por menor, al corte. Si estamos una docena de fotógrafos realizando el ejercicio con libertad de elección,y si solo podemos elegir una fotografía, saldrán 12 imágenes totalmente distintas. Los objetos serán los mismos, pero el punto de vista de cada fotógrafo habrá elegido un encuadre, una mirada diferente.

Eso que vemos arriba es simplemente el Arte Fotográfico. Esa es en gran medida un ejemplo de la Nueva Objetividad o de la Escuela Düsseldorf de fotografía. ¿Y en qué consiste esta Escuela o tendencia fotográfica contemporánea? Advertir de entrada que es ya vieja con sus casi 50 años de vida, para que no creamos que estamos hablando de algo muy novedoso.

Principalmente se basa en fotografías de objetos comunes, realizadas desde un punto de vista frontal, con mucho detalle y como si se lograra que el espectador estuviera viendo de frente lo mismo que decidió mirar el fotógrafo, con un encuadre que selecciona y enmarca el contenido para añadirle o restarle composición. El resultado es un objeto o paisaje simple, sencillo, casi minimalista, con pocos elementos y con espacios vacíos que parece querer decirnos algo más que lo que representa, ayudado por su encuadre y la posición de sus elementos.

Imágenes realistas, casi surrealistas pues llevan un componente diferente en su totalidad, buscando que los objetos hablen sin hablar. Imágenes de gran formato, que a veces parecen repetir elementos dispuestos de forma aleatoria, resultados limpios, suaves, que inspiran tranquilidad y que a veces parecen retratos industriales de una época pero que en las últimas décadas se han ido transformando en multitud de posibilidades que se mezclan con otras tendencias artísticas, donde a veces el surrealismo es una de las más claras.

La España de la Unidad. Todo a un euro

Esta imagen celtibérica de la unidad, del todo a un euro es lo más cercano que hemos estado del abaratamiento de esa unidad. Hermosos y modernos calzoncillos a un euro. A una unidad de moneda, ¡¡barato, barato!! que nadie lo dude. Si vas sin ropa interior es porque quieres. O porque no tienes ni un euro libre.

Los humanos no sabemos cambiar de color

Luz. Luz natural. Luz blanca. Luz con textura de luz.

Cuando hay que llamar la atención, nada como la propia naturaleza.

Los humanos no sabemos llamar la atención más que con violencias verbales, pero nunca con el color.

El cartón produce acidez de estómago. Lo dicen las ratas

¿Has comido alguna vez cartón del bueno? Es fabuloso, sabe a cuero pero empalaga mucho, con un poco ya es suficiente. Lo malo es el pegamento que lleva dentro que produce acidez de estómago por muy ratas gordas que seamos. Parece un plato de primera pero al final se pasa putas pues te pudre las tripas.

Escaleras rotas con luz amarilla en la Zaragoza en construcción

Subíamos por las escaleras del derribo cuando miré hacia abajo. Seguía entrando la luz de la calle. Pero no entendí por qué era amarilla si la calle era luz brillante azulada. Miré hacia dentro, a mi izquierda, y todo era oscuro y lleno de polvo. Supe que en breve vivirían personas que nunca verían lo que yo. Ellos llegarían ya sin polvo ni escorchones.

La farola falsamente real, que no daba luz

La farola sombreaba. Ni daba luz ni se dejaba ver, ni estorbaba, ni sabemos con seguridad si existía. La intuimos. Pero para poca cosa. Es una farola de sueños, falsamente real.

Flor roja con motor de dos tiempos

Entre las penumbras de una tarde en Almería me encontré esta flor a punto de cerrarse del todo. Son artificios naturales que no lo parecen y tiene motor. 

Cuando hace buena luz y sol se abren para provocar. Cuando llega la noche se cierran para ensimismarse. 

Es mucho trabajo para una flor y por eso su motor se acaba en pocos días. Pero mientras tanto, es una maravilla de movimiento. 

Hijos de cactus que no pinchan y brillan de color

Los niños siempre están pegados a sus padres en los primeros estados vitales. Tiene un color sonrosado y alegre, y destacan por sus maneras y formas. Estoy hablando del cactus, que curiosamente logra hijos que no pican, que no pinchan. 

El guerrero dibujete quiere atacar. Por partida doble

El guerrero dibujete quiere atacar. Y se pone de perfil para coger velocidad en una pose atlética inútil. Es un simple dibujete duplicado, dispuesto simplemente para ser observado. No mete miedo, mete sonrisas.

Abstracción callejera en Valencia

En los rincones más escondidos podemos encontrarnos obras de arte abstractas realmente válidas para evitar que fueran efímeras. pero lo son y sus días están tasados. Esto es Valencia, un solar pequeño en el centro, dispuesto a que empiecen las obras y estas tapen la obra. Obra que en un mural desearíamos tener muchos en nuestras casas. Pero el arte callejero es así, efímero en su propia concepción. 

Es parte de su valor, el que no valga nada. Está hecho para que se pierda.

Una Tienduca maravillosamente celtibérica

La Celtiberia hispana es típica en estampas callejeras, en pequeños zocos (casi) árabes de ventas diversas, de espacios llenos de color, sabor, color, detalles. 

Esta "Tienduca" es una muestra maravillosa de esos ejemplos celtibéricos de vender de todo y para todos. Un aprovechamiento del espacio pequeño con llamadas casi a gritos de las ofertas interiores. 

Es la estampa postal de esa España que nos creemos diferente pero que en realidad bebe sin darnos cuenta de la historia mas ancestral.

Urbanismo sucio, brut, con posos, real

Ese toque presuntamente artístico de algunas intervenciones de aprendices del color en las calles viejas nos dejan la realidad de estos años, aunque no siempre nos gusten. 

Es el 2019, es lo que se sabrá que hacíamos en nuestras calles en estos años, diferente a lo que se hacía hace dos décadas y presuntamente distinto a lo que se hará dentro de otras dos décadas. 

Es, nos guste mucho o nada nuestra firma social, la señal de identidad temporal de estas décadas.

El día que logran levantarse, me han dicho que hacen mucho daño

No todo está visto. No todo está visto bien y con calma. ¿Cuántas veces nos hemos parada a ver un suelo de adoquines con calma y a observar sus colores, sus contrastes, sus manchas? Pues eso. La vida también está hecha de miles de adoquines duros que están por debajo de nuestros píes pero son más duros que nosotros. Y no se desgastan por mucho que los pisemos. Cuidado con ellos pues el día que logran levantarse, me han dicho que hacen mucho daño.

¿Y si todo en la vida fuera un circo lleno de colores?

En segundo plano y casi en silencio para que no nos tachen de locos, debemos reconocer que casi todo es un circo. Movemos animales racionales para que nos entretengan, hacemos piruetas, tenemos programas vitales de humor y tendemos a reírnos de todos los que se nos acercan. Metemos miedo o ponemos luces potentes para engañar. Nos venden los caramelos o piruletas que ellos quieren y la función se acaba entre cansados y esperanzados en que mañana haya más de lo mismo. Reímos o nos emocionamos, y casi siempre aplaudimos por las escenas que nos hacen ante nuestras miradas, para convencernos de que es la más grande del mundo mundial.

Luces y sombras de una churrería chocolatería

El urbanismo, las calles de cualquier localidad permiten infinidad de imágenes que bien elegidas y ambientadas resultan distintas a una mirada simple, sencillas. El encuadre juega a favor de presentar escenas que pueden parecer diferentes. En el encuadre seleccionamos, mostramos lo que queremos resaltar. Y si además jugamos con la luz para remarcar más las escenas que deseamos mostrar, el juego con la realidad está precioso. 

En esta imagen la único que permite jugar es la luz, los negros que esconden, que sacan hacia nosotros las luces del puesto de churros. Sin esa oscuridad que enmarca, la imagen no tendría sentido, perdería la luz contrastada. Y eso hay que verlo en el instante para ajustar la cámara o luego en el laboratorio digital para jugando con un RAW seguír practicando con las luces y las sombras.

¿Y si nosotros somos así y no lo sabemos?

Somos nosotros. Disfrazados de personas normales. Pero no sabemos cómo nos ven los que nos ven. ¿Qué les pareceremos? Nunca es lo mismo lo que vemos que lo que ven. Poco o mucho, todos somos distintos. Bien, sí, es posible que no seamos tan horrorosos como las caretas, pero… ¿y si lo somos y no lo sabemos?

La vida a veces te agacha ella misma, te doblega

La vida a veces te agacha ella misma, te tuerce, te doblega, te tumba incluso. Y te quedas doblegado, o sentado o de rodillas. Depende de tus ganas.  

Estar sentado es una actitud, pero hay muchas formas de estar sentado. Depende de tu mirada, de tus aditamentos, de tus ganas por levantarte. 

La felicidad no tiene nada que ver con la posición, depende. Aunque creamos lo contrario tener tampoco supone mucho. Ayuda, pero somos nosotros los que contenemos felicidad dentro. O no. 

Es Madrid.

Y los hilos se habían caído hacia el suelo. El piano no sonaba

El músico estaba cansado y apoyó su cabecita sobre el piano. Se le habían agotado los dedos de tanto pulsar. Intentó dormirse unos momentos, pero no le dejaban los sonidos del trapicheo del mercadillo. Su amo, muy buena gente, le había dejado descansar pues sabía que sin él… la música no sonaba igual. El piano descansaba también. Y los hilos se habían caído hacia el suelo. ¡¡Chiss!!

Mejor reírse. Es lo más serio

Es mejor reírse, pues además de ser muchas veces lo más serio que podemos hacer, como poco sirve para lo mismo que ponerse cariacontecido y con figura de mala hostia. Reír es además sano y cala más en el contrario que ponerse a llorar. Lo desconfigura pues no está nadie preparado para ver reís al contrario.

¿En dónde se esconde la muerte? ¿Tiene color?

¿En dónde radica la muerte? Tal vez se esconda dentro de un agujero, o se disfrace de moho, de verdín, de líquenes brillantes o de musgo atractivo. La muerte es siempre negra para quien la observa e indeterminada para quien la sufre. Siempre es un acabar.

Las sombras dependen de la luz en negativo

Las sombras forman parte del paisaje, pero no son paisaje pues se mueven, cambian, desaparecen. Dependen de la luz, forman parte de la luz, son oscuridad con algo de luz. Sin sombras la luz queda muy plana.

Son 100 obras de arte imposibles. Son 100…, pocas

De las 100 obras de ARTE imposible que nos presenta en este listado la artista Dora García, yo me quedo con un buen montón como asignaturas pendientes. la número 100 es la más compleja de todas. La 80  casi la practiqué en un viaje lejano, a base de hablar con Zaragoza de día cuando yo estaba de noche. Y la 18 la he visto de cerca pues uno de mis maestros gráficos era daltónico y supo enseñarme perfectamente a crear todo tipo de colores mezclando los 3 básicos, aunque el los viera de otra manera y sin equivocarse nunca.

El ARTE y el mundo que queremos vivir

El fotógrafo francés Marc Pataut nos dice: ¿Qué tipo de arte queremos hacer?, buscando en la respuesta otra respuesta a una pregunta diferente. ¿En qué mundo queremos vivir?

Podría parecer imposible que con una pregunta se obtuviera respuesta a otra pregunta distinta, pero es una forma de obtener la verdad sin engañarnos nadie. 

El arte lo crean los artistas, pero también esto es mentira. Lo crean en definitiva los que propagan el arte, los que no lo limitan, los que le dan visibilidad. 

Y son esos los que modelan la sociedad que queremos tener.

No podríamos entender los años 70 u 80 del siglo pasado si no fuera porque iban envueltos en un tipo de arte muy determinado. El ARTE no solo formaba parte de aquellos años, es que además influía queriendo o sin querer en la estética, en los movimientos, en las formas y palabras, en los fondos y comportamientos. En por cierto lo que nos ha quedado (en gran parte) de aquellas décadas, sea música, pintura, teatro, literatura, escultura o movimientos artísticos.

El ARTE de estas décadas iniciales del siglo XXI será el que marcará nuestro camino, o incluso el que NO lo marcará llevándonos a las tinieblas. No depende de los creadores, sino de los propagadores de ARTE.

Dolor, angustia, oscuridad

Dolor, tinieblas, dolor.

Angustia, cosicidad, angustia.

Oscuridad, muerte, oscuridad.


Nada es necesario para soñar. Ni tan siquiera estar

Mirar es imprescindible para ver, pero incluso sin mirar podemos ver. Para ver es imprescindible sentir, detectar que algo nos está influyendo. Para sentir es imprescindible estar despierto, pero incluso en sueños podemos sentir.

Nada es necesario para soñar.

Ahora para nosotros es simplemente una fotografía marrón casi gris

Sin cristales todo sale mucho más frío. La teoría de los cristales rotos cumple lo tristemente prometido. Vejez, dolor, tristeza, soledad. Es una ventana de un barracón que acogió a mucho dolor y a más lágrimas. Ahora para nosotros es simplemente una fotografía marrón casi gris.

Zoco, foro, tienda, rastro, plaza, trapicheo, outlet, encanto

La tienda callejera es la imagen celtibérica y comercial más árabe, valga la comparación falsa de ambas. O no. El zoco árabe vino posiblemente del foro romano y griego, de la plaza clásica castellana y aragonesa con sus variables. 

Lugar de tiendas pero también de ocio, de conversación, de vinos, de estar. España bebe de muchas culturas y sus plazas porticadas siguen siendo objeto de culto y de paseo, de entrada a las zonas de ver y beber, de estar y compartir. 

Hoy queremos llamar rastros a las zonas de trapicheos, de encantos, de charlas y cambios, de ventas y compras diferentes. 

O bien los llamamos outlet como espacios comerciales de salida de productos viejos, fuera de fecha, de mercado. Todo es lo mismo, aunque no lo parezca. Comprar, vender y disfrutar.

Madrid debería dejarse compartir mucho más y con todos

Madrid es de color. Incluso las zonas más grises están llenas de colores nuevos, de vidas diferentes a las clásicas, de sensaciones abiertas o cerradas. Madrid tiene color y ganas, y a veces quiere compararse, otras quiere copiar e incluso a veces se deja disfrutar por todos. Madrid debería dejarse compartir mucho más y con todos.

Será mustia y arrugada. Es cuestión de tiempo

Los guapos, las guapas, saben que son guapas. Las miramos más, nos sorprenden con su belleza, con su movimiento, con sus brillos y colores. Pero saben también que todo es efímero. 

Que tras el color viene el marrón. Que tras la tersura viene los arrugamientos y la mustiosidad. 

Ven a su alrededor hojas ya tiesas, mustias, ajadas, marrones y sabes que todo es cuestión de tiempo. 

Mientras tanto, seguiremos admirando la flor bella.


El blanco es un color más. O uno menos

Enmarcar la santidad en blanco inmaculado es plantearnos que lo blanco es la pureza de pensamiento. Depende de culturas. 

El blanco es luz y en fotografía puede ser también el vacío. El blanco es nacer si lleva rojo. Y es morir si suena a sábana. El blanco es sobre todo un color más. O uno menos.

Amores alrededor de una flor amarilla

Un ramo de vida es un ramillete de deseos. Un conjunto de tus besos reunidos todos juntos y pintados de amarillo. Un gran tiempo juntos. 

Hay momentos abiertos, instantes cerrados, tiempos de espera, dudas y certezas. Hay cambios de colores entre nosotros pues la piel se cuartea según la tocamos con las mismas manos de siempre.

Nunca vemos lo ajada que va quedando la senda que recorrimos, lejana ya, pues seguimos queriendo ver tan solo el futuro. 

Lo de menos es lo que dejamos atrás. Lo de más, lo que todavía queda, que es mucho. Las flores amarillas siguen intactas.


El fotógrafo suizo Robert Frank apagó su cámara

En recuerdo del fotógrafo suizo Robert Frank, fallecido a los 94 años tras una larga carrera como fotógrafo artístico de realidades sociales. Se hizo famoso por su trabajo sobre los EEUU titulado “The Americans” realizado en el año 1958, aunque después se especializó más en la fotografía de cine y como director de diversas producciones. âra este trabajo realizó 28.000 fotografías de las que publicó 83 de ellas.

Sus últimos años no fueron tan felices como hubiera deseado, pero nos dejó su obra y su pensamiento, del que dejo abajo dos pinceladas.

“Llegué donde quería llegar, pero no resultó ser el lugar que esperaba encontrar. Aún sigo siendo un outsider”

“Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”



Blanco para impresionar a los humanos

Blanco humano, blanco de los humanos, blanco para los humanos, blanco de paredes y ropas, de cielos y de mares. Blanco de Ibiza. Blanco para llamar y para impresionar. Simplemente blanco.

Nunca el color puntual pudo vencer a las formas

Nunca el color pudo vencer a las formas. Menos todavía si ese color era débil, puntual, selectivo. Por eso mismo siguen triunfando las imágenes en blanco y negro, porque lo que sirve son las historias, las miradas, las formas, los elementos. El color es un añadido que además cada uno vemos con matices diferentes. No te dejes engañar o atrapar por los colores vivos, generalmente son producto de la naturaleza o reforzados artificialmente para impresionar.