Fotografía "Muerte de un miliciano", de Robert Capa

Nunca sabremos todo lo necesario sobre esta imagen. Ni tan siquiera todo sobre esta fotografía. Ahora hay dudas nuevas sobre su autoría y sobre la cámara utilizada para lograrla, y esto es importante saberlo aunque ya sea imposible, pues no es lo mismo una cámara de paso universal a una cámara de seis por seis. En este último caso tuvo que ser mucho lo descartado.

Es verdad que esta imagen la realizó Robert Capa en la provincia de Córdoba el 5 de septiembre de 1936, creemos que en la localidad de Espejo. Pero Robert Capa no existía, era un nombre ficticio de la unión personal y laboral de dos fotógrafos, del húngaro Endre Ernő Friedmann y de la alemana Gerta Pohorylle (Gerda Taro). Ambos judíos, pareja y que cubrieron la Guerra Civil en sus primeros meses, y aunque ella murió enseguida aplastada por un tanque, él continuó con el nombre de Robert Capa durante muchos años más.

La imagen tiene el estilo fotográfico de ella y de ser así lo más normal es que se hubiera realizado con una cámara de medio formato que era la que normalmente empleaba Gerda Taro.

La imagen parece reflejar la muerte del miliciano anarquista Federico Borrell García "El Taino" en el Cerro Muriano a unos 12 km de Córdoba capital, pero al no tener el negativo no sabemos bien si se hizo con una Reflex Korelle 6x6 o con una Leica de paso universal. Publicada primero en la revista francesa VU y luego en la americana LIFE, aparece ya encuadrada y posiblemente con algo de fondo cortado.

Sin duda es una imagen instantánea, que refleja la muerte en el acto por un disparo del miliciano al intentar avanzar, aunque algunas teorías discuten si es una imagen real o un montaje del fotógrafo. Lo que sí parece confirmado es que aquel día el miliciano murió en ese sitio. Escenografía o realidad casual, sin duda es un icono contra la guerra admitida por todo el mundo, en la primera guerra fotografiada por periodistas gráficos.

Fotografía con mucho grano y algo desenfocada y movida por el instante tan rápido, nos deja el sabor de la historia bélica que abrió para desgracia de la humanidad de la posibilidad que las guerras sean también estéticas. Pero sin duda es el ejemplo del valor de la fotografía como mucho más que un elemento artístico, sino también histórico.