Elegimos el encuadre y despreciamos el resto

Cualquier imagen fotográfica es la selección por encuadre de una escena mucho más amplia. Eso supone añadir tu personalidad e idea al resultado final, antes ya de que las pases al ordenador y de allí a papel. 

Eliges encuadre, pero también luz, sombra, contraste, tono de color, incluso grano o textura. 

Al separar de su ambiente una zona determinada de un espacio completo, estamos poniendo en valor lo elegido. Y sobre todo estamos eliminando todo lo que no queremos. 

Si luego en el ordenador refuerzas estas decisiones es lo lógico. Utilizas una herramienta para ayudarte en tus decisiones. 

Desde siempre y cuando se positivaba en papel y se revelaba a mano, se utilizaban diversos métodos para aplanar, contrastar, reforzar medios tonos, virar, realizar dobles exposiciones o sombras en la ampliadora con las manos, dedos o plantillas. 

Se soplaba aliento de la boca sobre zonas que al revelar deseábamos reforzar, o se revelaba pasando el dedo sobre zonas más pequeñas y delimitadas o incluso con pinceles para acelerar el revelado por zonas.

Hoy son programas informáticos que nos permiten miles de posibilidades mayores. Pero al final todo se basa en lo que deseemos obtener. Somos nosotros los que elegimos, los que provocamos, los que decidimos qué hacer.