El dueño pensó otra cosa y dejo el candado

El pequeño candado sujetaba lo que parecía incapaz de asegurar el pestillo de madera con más experiencia. Era la juventud que maduraba contra la senectud que ya intentaba descansar. 

Personalmente me parecía tan viejo el uno como el otro, y mucho más bello el anciano que el maduro. Pero el dueño pensó otra cosa.