Escuchemos los sonidos mientras miramos

Esta agua caía hace 14 años a la fuente verde de Barcelona, para refrescar un verano ya muy viejo. Aquella agua era única en ese momento, salía para mojar y se perdía. Formaba parte del paisaje líquido de entonces. Ha caído tanta ahora desde entonces en esta misma fuente, que ya ni el verde existe, ni el agua es líquida, ni yo estoy mirando la calma del sonido.

Si, los sonidos también se pueden mirar; incluso las calmas se dejan observar lentamente. 

Todo lo que sentimos dentro se puede mirar con los ojos, que es por donde antes entran las sensaciones. El sonido es más lento. El tacto es más personal y complicado. 

Y no se trata de estar chupando la fuente, creo yo.