Se quedaron sin ropa y nadie les dijo nada

La luz era de atardecer, pero tamizada por la artificial de la calle que inundaba entre sombras el local abandonado. Allí estaban inertes, casi como siempre, pero desnudas, sin trabajo. Habían cerrado el local y no se las habían llevado a su retiro. Los vestidos sí se fueron. Creo que nunca tuvieron cabeza, pero tampoco estoy seguro pues igual existen cabezas de quita y pon para estos casos. Lo de los brazos ya me pareció más complicado. ¿Y ahora? Me imagino que los embargos las romperán, o el polvo las oscurecerá. Pero mientras tanto seguirán en la calle del centro, sin entender qué ha sucedido para que les quitaran sus ropas.

Ganaremos al otoño, pero antes reflexionaremos


Nos entra el otoño para llevarnos en volandas hacia el invierno y nos muestra colores fríos, morados y marrones, ocres y naranjas que contrastan a tope con los verdes heridos de muerte. Es la victoria de la muerte, el renacer del nuevo año, es el vino y el hogar, el abandono del Dios Sol para recapacitar y tranquilizarnos. Es la depresión que se vence luchando.

Hangares vacíos, excepto de cadáveres ancianos


En las grandes ciudades nadie aprovecha los hermosos huecos de los árboles enfermos. Son hogares vacíos de pájaros que no están. Como hangares sin aviones abandonados a su suerte. Pero es que las grandes ciudades tiene muchos huecos negros donde nadie entra a mirar, espacios donde se oculta la luz negra e incluso el dolor. Si pudiéramos entrar a este garaje negro, veríamos algunos huesecillos de ancianos animales que buscan los hogares en solitario, las tablas, la cama solitaria del abandono. No, no caben personas.

Dentro hubo una persona. Siempre muerta

No. No, no. Dentro ya no hay nadie. Pero hubo alguien. Una persona. Posiblemente como tú. O como yo. Una persona viva y a la vez una persona muerta. Un comunista o un socialista. Lo sabemos, sí. Por eso tiene el distintivo rojo. 

Un comunista o un socialista rojo en el campo de exterminio de Sachsenhausen. 

Sería una ropa ocupada por uno de los 30.000 asesinados cerca de Berlín simplemente por tener ideas. Pudo ser incluso el traje de algún prisionero español, no lo sabemos, pero allí, entre ese bosque que hoy sigue existiendo para revolver tripas, había varios cientos de conciudadanos españoles y entre ellos Francisco Largo Caballero, un presidente socialista enfermo al que Franco, ese señor bajito, mandó guardar allí pero no matarlo. Sólo sufrirlo.

¿Existe lo mágico? Creo que en el 4 sí

Mi 4 es mágico, no sé el motivo. Bueno, ni me importa, sobre todo porque lo mágico no existe. Lo majico sí. Pero el 4 tiene su punto, su “aquel” su forma y misterio. Este 4 es de una planta; al ir subiendo en el ascensor vas viendo reflejado el piso sobre los cristales. Y en el 4 suelen poner sensaciones de categoría. Como en el 3, es cierto. Pero cuando subimos al 4 es por algo interesante y de gran espacio. 

Me gustan estos número mágicos contrastados contra los ladrillos viejos. 

—¿Pero no habíamos quedado en que no existe lo mágico?— Bueno…, en el 4 sí existe. En todo lo demás ya no.

¿A quién le mandarías esta flor? Regálasela, es fácil

¿A quién le darías esta flor?
¡¡Mándasela!! no esperes, y sobre todo no esperes a que la espere

Si alguien está esperando tu flor, mándasela, es fácil. Simplemente tienes que querer.

Esta flor tiene una gran ventaja con respecto a muchas otras. Está viva, no está cortada. Es gratis. Es bella y aunque no huele puedes ponerle imaginación para creer que sí.

¿A quién le mandarías esta flor?

¡¡Regálasela!! no esperes, pues seguro que esa persona te ha regalado muchos momentos vivos y de gran color.

La España conocida pero no siempre reconocida

Hay algunas veces que nos tenemos que enfrentar contra nuestro propio espejo, mirarnos y reencontrarnos. Esta imagen es de España, una simple iglesia en España. Pero no lo parece. O me parece a mi que no lo parece. Podríamos estar en Grecia, en Turquía, en Croacia, pero en cambio es España. Nuestra riqueza cultural es amplísima y a veces aunque hayamos escuchado hablar de los lugares, no siempre son bien reconocidos.

No es un alegato para viajar por España, que sería maravilloso poderlo hacer, es un reconocimiento a lo que tenemos y no siempre valoramos bien.

Mariquitas negras, llenas de manchas amenazantes

A veces tenemos en casa acompañantes a los que no hemos invitado, son ocupas que te vienen sin preguntar y que se van si los acusas de algo malo. En este caso tengo mis dudas. ¿Qué son? ¿Son bueno o malos? ¿Qué le harán a mis tomates de otoño? Muchas dudas.



Unas flores desafiantes de final de verano

Tras despuntar la luz inicié mi caza matutina de bellezas moradas. Con mi propia caña de pescar me acerqué sigilosamente antes de que las nubosidades se apoderaran de toda la luz. Y allí estaban ellas, desafiantes, bellas y elegantes. 

Las pillé y me las llevé sin apartarlas de su lugar de nacimiento. Simplemente fueron atrapadas para vosotros, para poderlas ver como imágenes y no como flores.



Escuchemos los sonidos mientras miramos

Esta agua caía hace 14 años a la fuente verde de Barcelona, para refrescar un verano ya muy viejo. Aquella agua era única en ese momento, salía para mojar y se perdía. Formaba parte del paisaje líquido de entonces. Ha caído tanta ahora desde entonces en esta misma fuente, que ya ni el verde existe, ni el agua es líquida, ni yo estoy mirando la calma del sonido.

Si, los sonidos también se pueden mirar; incluso las calmas se dejan observar lentamente. 

Todo lo que sentimos dentro se puede mirar con los ojos, que es por donde antes entran las sensaciones. El sonido es más lento. El tacto es más personal y complicado. 

Y no se trata de estar chupando la fuente, creo yo.

Una luz deja de ser luz en cuando le apagas la luz

Podríamos pensar que las luces de las botellas quieren volar, desean salirse de su encierro y aprovechar la puerta abierta para salirse de la cava, pero no es verdad. 

Para eso estábamos allí nosotros, para sujetarlas y reprimirles sus deseos. 

Sí, a todas ellas aunque fueran muchas, y acepto que no debió ser fácil, como respuesta vuestra. Y no lo fue. 

Pero una luz deja de ser luz en cuando le apagas la luz.

Las botellas que esconden amores y alegrías

¿Cuántas fiestas se encierran entre estas botellas sin abrir todavía? ¿Cuantos abrazos, recuerdos, alegrías, sexos, diálogos, lágrimas? Ellas mismas quieren salir pero no saben encontrar la puerta, nos están esperando, pero cuidado, pues dentro de cada una de ellas se esconden deseos y energías junto a promesas y sonrisas. No las deberíamos defraudar.

Dejemos al otoño entrar. Es necesario

Quiere venir el otoño, dejémosle entrar pues con él nos viene el avance del tiempo. Necesitamos renovarnos y poder tirar las pieles viejas y ya muertas.

Sin el otoño no vendría el invierno, y lo que es peor, no saldrían nuevas flores en primavera. Aunque ya no seamos nosotros los que brillemos con nuestra juventud.

Darle la vuelta a la vida no es tan complicado

Si damos la vuelta a la vida seguimos teniendo lo mismo que antes, pero tal vez con otros reflejos, con algunas distorsiones que enseguida se calman a poco que el viento sople a favor.

Se mantienen los colores, los enfoques, incluso se adivinan claramente las formas. Pero hemos dado la vuelta a la vida. 

Si acaso lo que queda boca abajo son las aceras y caminos por donde creíamos avanzar. Así que tendremos que inventarnos otros.

Se nos olvidan los recuerdos reales

Todo se modifica en nuestros ojos, y depende de cómo queramos ver algo, así será. Y lo curioso es que lo recordamos como queremos recordarlo. Esos recuerdos se van modificando y necesitamos a veces presentarnos otra vez a las miradas de la memoria, aquellas escenas que vimos y cazamos. 

Es muy posible que ya no lo recordemos así, que nos sorprenda la imagen recogida y guardada. Somos selectivos en los recuerdos de las miradas.

Ya suena a Navidad y vosotros no lo sabéis

Es imparable, es inevitable, es incluso bueno. Vuelve la Navidad, ya está aquí, preparada, agazapada para caer sobre nosotros. Y sobre nuestros bolsillos. La Navidad es parte de nuestra forma de entender los años, de consumir los bolsillos, de ver luces y sombras, de discutir con nosotros. Y con los demás.

Creéis que se acaba el verano, que vamos a entrar en un otoño caliente, como todos, pero es mentira, lo que vamos hacer es prepararnos poco a poco para la Navidad. Os guste o no. Ya suenan los villancicos en la cosas de los diseñadores. Los catálogos se empezaron a fabricar en junio, esos van por adelantado.

Zonas de confort tremendamente inútiles

Una zona de confort es un lugar fácil, muy conocido, ya explorado, sencillo, cómodo, donde no hay que explorar ni trabajar sino tan solo dejarse llevar. Estar.

Las zonas de confort son una trampa pues nos sujetan y aprisionan, evitan que innovemos, que salgamos al frío a conocer nuevos animales humanos o inhumanos. Lo cómodo en realidad es lo contrario a lo útil.

Pero las zonas de confort pueden ser feas, tremendamente inhóspitas, absurdas e inútiles. Podemos encontrarnos bien, simplemente por que no hayamos explorados otras mejores.

Una ventana que parece torcida

Las sucesivas pinturas sobre la pared han logrado torcer la ventana. Dentro sigue estando el dormitorio, fuera no está la calle sino las escaleras de subida. Las casas viejas no siempre tenían las ventanas donde debían.

Madrid antes de que se despertaran

No es un oso que tira, sino una bella señorita que intenta que compres. Separación de ideas o búsqueda de nombres hermosos. Nunca se puede estar en la cabeza de quien inventa.

Era pronto, el sol todavía no atacaba el suelo, la luz se tamiza con los techos de colores para que después no atacara demasiado. La señora de rojo me miró un instante y pensó: qué coño estaba haciendo yo allí, tan pronto, con la cámara en los ojos. Los señores de las piernas abiertas estaban a lo suyo.Yo también.

La sensación que tuve era la de un cuadro perfectamente enmarcado. Era el siglo XXI metido en el XVIII. Una calle de Madrid antes de que se despertaran.

Sin pestillos no se podría vivir

Un pestillo es un elemento de cierre. Se puede abrir, sí. Pero su función principal es cerrar. Encerrar. Privar.

Los pestillos se desplazan sobre sí mismos, como las personas. Se mueven para dejar entrar o no. Como las personas. Se mueven pero poco. Se giran, se levantan, parece que miran. Pero poco.

Un pestillo es maravilloso para disimular, para parecer y desaparecer, para asegurar. Sin pestillos todo podría ser  posible. Con pestillos todo es posible.