¿Y si no queremos seguir así?

Juegan con nosotros y nos dejamos. ¿Y si no queremos seguir jugando con ellos? No sé, creo que se están pasando en su dominación mental. Cada día hay más cosas prohibidas. Y muchas menos que no están permitidas o bien vistas. Jugamos a no molestar.,¿Se puede crear sin molestar? Nos han ampliado nuestra zona de confort a costa de quitarnos las zonas aledañas.

Color de Asturias, que no siempre es verde

El color natural siempre está esperando a la luz. Le encanta a la naturaleza encantarnos con sus brillos y colores. Se multiplica para impresionar y así saber que es útil en la sutilidad de sus colores. Aunque sean potentes y curiosos, aunque nos hagan pararnos para sorprendernos. Estos colores son de un campo de Asturias. Y no siempre son verdes.

Tamborilero en Bruselas, que no suena

Un lejano tamborilero en la Bruselas más céntrica, en las alturas para advertir que vienen los enemigos. Esbelto pero silencioso. Tal vez por eso tenga un color frío.

Cuernos viejos de cuando no había herramientas

Cuernos de espejo de cuando nos iniciábamos todos en las manipulaciones digitales. que visto desde el hoy nos suena a viejos, caducos, a muy mejorables. Pero hace casi tres décadas era lo que daba de sí las herramientas que teníamos.

Frase que salva el urbanismo degradado

A veces una frase en la calle te ilumina el espacio. Puede ser su significado o su color o incluso su simple existencia en algunas zonas realmente muy degradadas. Este último es el caso actual. 

Simplemente poner "de color" entre una zona realmente llamada a desaparecer, es un grito temporal para que todo tenga un poco de vida artificial hasta que se convierta en algo útil lo que son esqueletos de fábricas o zonas viejas de recreo urbano. 

Mientras no haya otros motivos, nos conformaremos con el engaño visual.

Podría ser Valencia…, pero es la vida

Muchas veces las cosas no son como quisiéramos, y la vida se nos va llenando de huesos duros de roer, de hierros que estorban, de compañías en la vida que nos sobran. Pero forman parte de nuestra mochila y aunque sea verano son como mantas que nos pesan y no podemos suprimir.

Pueden ser esqueletos, miradas, palabras, recuerdos, luces…, pero se alzan contra nosotros y aunque casi siempre están olvidados, alguna vez se izan sobre nuestros pensamientos e intentan apoderarse del momento.

Hay que desterrarlos y como no se pueden borrar, al menos hay que intentar mirar hacia otro lado en esa imagen de la vida.

Observa la belleza del agua que a veces es blanca y otras casi negra. Brilla y nos engaña gratamente. ¡¡No, no mires los hierros del fondo!! Mira ese inicio de playa que conserva restos de almejas y piedras pulidas, y que son los gruesos trozos de arena antes de ser demolidos por el tiempo.

¡¡¡No, no mires ese fondo antiguo y viejo, lejano y sin detalle!!!, ese ya no te pertenece a no ser que quieras ir hasta él. Tú estás aquí, entre los brillos hermosos del momento y las arenas con almejas. 


¡¡Siéntate y descansa!!…, y mira al frente.

Comprar por internet y envío urgente. Mucho cuidado

Cuando caminamos nunca estamos seguros del camino que hemos tomado. Creemos que sí, pero todos los caminos conducen a lugares donde nunca antes habíamos estado. Aunque sean los mismos asfaltos con las mismas casas. 

Esta señora tras la compra se creía que iba a su casa, sin percatarse que la estaban envolviendo para mandarla por Amazon hacia un lugar para ella desconocido.

Era un envío importante pues llevaba sello de lacre para que no se escapara. Pero no interesaba ella, un descuido, sino lo que contenía el carro de su compra. 

¿Qué es la Cultura? Palabras de André Malraux

La cultura es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que, en el curso de siglos, han permitido al hombre ser menos esclavizado.

André Malraux

Palomas a la luna de Málaga

Palomas a la luna de Málaga. No sabemos bien quien contempla a quien, pero en principio quien contemplaba todo aquello era yo. No queda ninguna constancia de que la luna o las palomas estuvieran atentas al momento.

Los cascos de la policía de New York son chulos

Hay que ser muy chulo para robarle un casco a un policía americano, y a las pruebas me remito. En algunos barrios de España esos cascos durarían indeterminado tiempo si los van dejando encima de las motos a modo de remanso de paz. 

Unos gritos provocados en una esquina, llevarían las miradas hacia ese lugar y …, adiós el casco de la otra esquina. 

Es cuestión de encontrar huevones que quieran gritar y eso sí, huevones que se atrevan a dejar los cascos así de fáciles.

También los buenistas cabreados podemos tener muy mala leche

La alambrada de la imagen de arriba la inventaron los hombres contra los hombres. Daría igual el lugar y los motivos. 

Todo es falso, excepto que algunos hombres quisieron sujetar a otros hombres: impedir, coartar, prohibir, suprimir. 

Hombres contra hombres. Egoísmos contra libertades, salvajadas animales contra humanidad de comprensión.

Estamos en una fase parecida. Nos rebelamos contra nosotros mismos, contra el humanismo, para volvernos animales de defensa violenta. Somos animales y lo seremos durante siglos y siglos. 


Lo que no nos impide intentar que el humanismo que no siempre tiene que ser “buenismo” sea implacable también. 

¿Quien piensa que los “buenistas” no sabemos defendernos, e incluso tener mala hostia?

No es lo mismo la sombra que la oscuridad

Cuando un árbol deja ver su interior negro es que una sombra está a punto de morirse. Las sombras también se nos mueren, incluidas las que se mueven con nosotros. Nos siguen pero llega un día que dejamos de movernos y ellas dejan de estar a nuestra vera.

Dentro del hogar no hay tantas sombras, tal vez sea porque tampoco hay tantas luces brillantes que sepan alumbrarnos los caminos que debemos explorar.

No es lo mismo oscuridad que sombra. La oscuridad no se mueve casi, es pegajosa y no nos sigue, nos aplasta, nos invade, se nos posa para pesar sobre nosotros. La sombra en cambio no molesta, viene siempre a un lado.

Ramo de flores vivas, para los seres recordados

En Todos los Santos llevamos flores a nuestros seres queridos y ya no presentes de forma física. Color y luz, pero no vida pues las flores ya están muertas. No entiendo bien la costumbre de llevar flores como elementos de amor, de amistad, de recuerdo. Me encajan mejor los pétalos como productos ya totalmente convertidos en algo nuevo, no en cadáveres de plantas. Pero ya sé que soy muy raro. Yo no regalo flores, prefiero las plantas vivas y por ello las macetas. Y sé que eso me deja muchas menos posibilidades. Y para mis seres recordados, una luz, una vela que alumbre su recuerdo.

Viajar es abrir páginas del libro de nuestra vida

Mirar y dejarse sorprender por lo inamovible. Sus colores nos afectan, sus luces y sus reflejos. Tanto, que nos atrapa y nos deja quietos esperando a que desaparezca. Es un imán natural.


Puesta de sol en Playa de Palma

Todas las puestas de sol parecen diferentes. Son tan pocos los elementos que intervienen que parece imposible que su mezcla cree una música tan dispar. Incluso con cielos libres de nubes, cuando el sol parece esconderse aunque simplemente somos nosotros los que decidimos seguir girando para no verlo, el cielo se encabrona y crea nubes para rodearlo en su despedida diaria. Nubes y aviones que salen a despedirlo.

Los colores pueden desaparecer. Depende

Las paredes con tu nombre son más hermosas y con más color. Daría igual si tuvieran o no formas excesivas. Si tienen tus recuerdos y los míos, siempre tienen color. Yo no veo colores, observo situaciones.

Subidas y bajadas en azul oscuro casi gris

Subimos mientras bajamos. Lo que nos queda es la diferencia entre ambas decisiones. Subimos con rasmia mientras bajamos sin darnos cuenta y a regañadientes. Subimos con la energía de lo nuevo, a explorar lo que no conocemos. Bajamos para tomar aire y descansar unos instantes. A veces nos obligan a tener que bajar más de lo que deseamos. Pero eso no nos evita seguir mirando hacia arriba.

Hay asuntos sociales que nunca deberíamos consentir

Todo parecería posible en estos tiempos de rareza visual. Pero había un elemento que se nos escapaba a esa normalidad que contemplamos. Algo que no nos gusta ver por las calles de Madrid. No era normal, o si lo era, había que evitarlo, pues produce daño a los ojos. No estamos los seres humanos acostumbrados a estos asuntos por las calles, nos producen dolor e incluso temor por si algún día alguien decide empujarnos a tamaño asunto.

Es normal que haya flores bonitas dentro de una botella de ginebra cara. Puede serlo que en una esquina cualquiera existan tantas mesas vacías para poderse sentar sin problemas. Incluso diría que la limpieza no me sorprende, como tampoco que haya una persona tirada en el suelo, pidiendo por su futuro. A todo esto por desgracia ya nos hemos acostumbrado.

Pero que haya un ajedrez encima de una mesa, noooo. A eso no, por dios.

Ventanuco que da vida al verde natural

Las ventanas de hojas no siempre tienen que ser de madera. Pueden ser vegetales, suaves y verdes. Capaces de esconderse entre los huecos de los que buscan alimento. Sorprende que con tan poco sean capaces de sobrevivir. Luz, tal vez sol, y un poquito de tierra. Nosotros necesitamos más.

Todos nos vamos volviendo grises

Tiempos de caídas, de reencuentros con las natural manera de morir. Tiempos de setas, de coger tierra, y elevarte con ella.

Caemos al suelo donde nos esperan los marrones. Intentamos mantener el verde pero sabemos que es cuestión de tiempo. 

Nos vamos encogiendo, encogiendo, encogiendo…, hasta que definitivamente nos despegamos de la cáscara. Y quedados atrapados entre el resto de polvo. 

Es el otoño para todos, el natural tiempo del otoño vital. Necesario para los recambios  de colores. Todos nos vamos volviendo grises o marrones. 

Una ventana con poder intimidatorio

Siempre ventanas que nos miran. Aunque sean sencillas o al revés, complejas como esta. Aquí, para no tener que estar siempre asomados observando quien pasa, ya han puesto pequeñas figuras escultóricas para que miren y vigilen en vez de los dueños del palacio. Dentro y con las ventanas cerradas esperaba el poder de la localidad a no verse demasiado. Pues mostrarse en exceso es siempre una pérdida de poder intimidatorio. 

Si los masticas saben amargos

Los huertos están llenos de pequeños insectos voladores con vida propia. No van a la escuela pero saben mucho de lo suyo. No pasan hambre, saben escaparse de los peligros, se disfrazan de colores para producir miedo en los enemigos y además, según me han dicho, si los masticas saben amargos. Ellos sí que saben.

El dueño pensó otra cosa y dejo el candado

El pequeño candado sujetaba lo que parecía incapaz de asegurar el pestillo de madera con más experiencia. Era la juventud que maduraba contra la senectud que ya intentaba descansar. 

Personalmente me parecía tan viejo el uno como el otro, y mucho más bello el anciano que el maduro. Pero el dueño pensó otra cosa.

Ventanas verdes fritas, que no se dejaban ver

Qué complicado resulta asomarse donde no te dejan mirar. Pero a veces se logra. Después de ver puede que te quedes con peor gana de cuerpo, pero hay que buscar lo que se esconde detrás de lo que no se quiere mostrar. Nunca se sabe qué podemos encontrarnos. Las ventanas sirven para tapar, pero son un hermoso detalle para mostrar.

Entre aguas de nuevos colores naturales


Entre los colores de las aguas artificiales me movía por la superficie. Debajo unos peces enormes no intuían que el agua era de colores. Cuando se está inmerso en la faena no se ve la complejidad del bosque.





Sobraba yo, el buzón y los carteles

Parecía el hombre de la silla como hablar en silencio, abstraído tal vez por la belleza del rincón. Pero creo que era su rincón de siempre.

Para él no era bello, era normal, habitual. Bello era para mi.

Lugar de Tronos y de luchas, de amores escondidos esperando dentro de la capa o de tertulias conspiratorias.

Sonaron las campanas y todos se movieron de su sitio. Empezaba la hora cuerda.

Por un instante me quedé solo ante el paisaje urbano y me entró miedo. ¿Qué hago yo aquí si ya no hay nadie?

Pero enseguida vinieron los técnicos y actores a salvarme del instante y me retiraron con suavidad. 

Yo sobraba. Empezaba la verdad.

Lo pillé escapando, pero nunca supe de qué

Nunca pensé que huir fuera tan complicado, pero a veces hay que hacerlo entre los rotos de la vida. Por eso, a veces, antes de huir hay que pensárselo dos veces. 

¿Y si en vez de escapar medio escondido, diéramos la cara y miráramos de frente?

Nunca habrían las puertas del local gris funeraria?

Si alguien quería robar…, todavía le quedaba el candado. El resto parecía fuera de color, como escapado de la moda imperante, pues llevar esqueletos por la calle no suele estar muy bien visto. Por eso las lluvias se habían apoderado de los huesos que quedaban. pero la pregunta seguía insistiendo en mi cabeza.

¿Nunca habrían las puertas del local gris funeraria?

Todo está igual. Excepto las personas

Hay rincones donde el tiempo se estancó como el agua que contiene peces de colores, para mostrarnos aquellos tiempos en los que casi todo era posible. Personas de negro circulaban buscando mimbres de oros colores con los que ordenar sus pertenencias. 

Ellos ya no pasean por estas esquinas de túneles oscuros, ni tampoco sus hijos. Pero los mimbres siguen allí. Somos tan débiles que incluso los juncos y aneas nos superan en figuración. ¿Para qué nos creemos importantes?

¿Cuántas generaciones se habrán apoyado en estas piedras para charrar de su presente, e incluso de su futuro? 

Todo sigue igual…, excepto las personas.

Se quedaron sin ropa y nadie les dijo nada

La luz era de atardecer, pero tamizada por la artificial de la calle que inundaba entre sombras el local abandonado. Allí estaban inertes, casi como siempre, pero desnudas, sin trabajo. Habían cerrado el local y no se las habían llevado a su retiro. Los vestidos sí se fueron. Creo que nunca tuvieron cabeza, pero tampoco estoy seguro pues igual existen cabezas de quita y pon para estos casos. Lo de los brazos ya me pareció más complicado. ¿Y ahora? Me imagino que los embargos las romperán, o el polvo las oscurecerá. Pero mientras tanto seguirán en la calle del centro, sin entender qué ha sucedido para que les quitaran sus ropas.

Ganaremos al otoño, pero antes reflexionaremos


Nos entra el otoño para llevarnos en volandas hacia el invierno y nos muestra colores fríos, morados y marrones, ocres y naranjas que contrastan a tope con los verdes heridos de muerte. Es la victoria de la muerte, el renacer del nuevo año, es el vino y el hogar, el abandono del Dios Sol para recapacitar y tranquilizarnos. Es la depresión que se vence luchando.

Hangares vacíos, excepto de cadáveres ancianos


En las grandes ciudades nadie aprovecha los hermosos huecos de los árboles enfermos. Son hogares vacíos de pájaros que no están. Como hangares sin aviones abandonados a su suerte. Pero es que las grandes ciudades tiene muchos huecos negros donde nadie entra a mirar, espacios donde se oculta la luz negra e incluso el dolor. Si pudiéramos entrar a este garaje negro, veríamos algunos huesecillos de ancianos animales que buscan los hogares en solitario, las tablas, la cama solitaria del abandono. No, no caben personas.

Dentro hubo una persona. Siempre muerta

No. No, no. Dentro ya no hay nadie. Pero hubo alguien. Una persona. Posiblemente como tú. O como yo. Una persona viva y a la vez una persona muerta. Un comunista o un socialista. Lo sabemos, sí. Por eso tiene el distintivo rojo. 

Un comunista o un socialista rojo en el campo de exterminio de Sachsenhausen. 

Sería una ropa ocupada por uno de los 30.000 asesinados cerca de Berlín simplemente por tener ideas. Pudo ser incluso el traje de algún prisionero español, no lo sabemos, pero allí, entre ese bosque que hoy sigue existiendo para revolver tripas, había varios cientos de conciudadanos españoles y entre ellos Francisco Largo Caballero, un presidente socialista enfermo al que Franco, ese señor bajito, mandó guardar allí pero no matarlo. Sólo sufrirlo.

¿Existe lo mágico? Creo que en el 4 sí

Mi 4 es mágico, no sé el motivo. Bueno, ni me importa, sobre todo porque lo mágico no existe. Lo majico sí. Pero el 4 tiene su punto, su “aquel” su forma y misterio. Este 4 es de una planta; al ir subiendo en el ascensor vas viendo reflejado el piso sobre los cristales. Y en el 4 suelen poner sensaciones de categoría. Como en el 3, es cierto. Pero cuando subimos al 4 es por algo interesante y de gran espacio. 

Me gustan estos número mágicos contrastados contra los ladrillos viejos. 

—¿Pero no habíamos quedado en que no existe lo mágico?— Bueno…, en el 4 sí existe. En todo lo demás ya no.

¿A quién le mandarías esta flor? Regálasela, es fácil

¿A quién le darías esta flor?
¡¡Mándasela!! no esperes, y sobre todo no esperes a que la espere

Si alguien está esperando tu flor, mándasela, es fácil. Simplemente tienes que querer.

Esta flor tiene una gran ventaja con respecto a muchas otras. Está viva, no está cortada. Es gratis. Es bella y aunque no huele puedes ponerle imaginación para creer que sí.

¿A quién le mandarías esta flor?

¡¡Regálasela!! no esperes, pues seguro que esa persona te ha regalado muchos momentos vivos y de gran color.

La España conocida pero no siempre reconocida

Hay algunas veces que nos tenemos que enfrentar contra nuestro propio espejo, mirarnos y reencontrarnos. Esta imagen es de España, una simple iglesia en España. Pero no lo parece. O me parece a mi que no lo parece. Podríamos estar en Grecia, en Turquía, en Croacia, pero en cambio es España. Nuestra riqueza cultural es amplísima y a veces aunque hayamos escuchado hablar de los lugares, no siempre son bien reconocidos.

No es un alegato para viajar por España, que sería maravilloso poderlo hacer, es un reconocimiento a lo que tenemos y no siempre valoramos bien.

Mariquitas negras, llenas de manchas amenazantes

A veces tenemos en casa acompañantes a los que no hemos invitado, son ocupas que te vienen sin preguntar y que se van si los acusas de algo malo. En este caso tengo mis dudas. ¿Qué son? ¿Son bueno o malos? ¿Qué le harán a mis tomates de otoño? Muchas dudas.



Unas flores desafiantes de final de verano

Tras despuntar la luz inicié mi caza matutina de bellezas moradas. Con mi propia caña de pescar me acerqué sigilosamente antes de que las nubosidades se apoderaran de toda la luz. Y allí estaban ellas, desafiantes, bellas y elegantes. 

Las pillé y me las llevé sin apartarlas de su lugar de nacimiento. Simplemente fueron atrapadas para vosotros, para poderlas ver como imágenes y no como flores.



Escuchemos los sonidos mientras miramos

Esta agua caía hace 14 años a la fuente verde de Barcelona, para refrescar un verano ya muy viejo. Aquella agua era única en ese momento, salía para mojar y se perdía. Formaba parte del paisaje líquido de entonces. Ha caído tanta ahora desde entonces en esta misma fuente, que ya ni el verde existe, ni el agua es líquida, ni yo estoy mirando la calma del sonido.

Si, los sonidos también se pueden mirar; incluso las calmas se dejan observar lentamente. 

Todo lo que sentimos dentro se puede mirar con los ojos, que es por donde antes entran las sensaciones. El sonido es más lento. El tacto es más personal y complicado. 

Y no se trata de estar chupando la fuente, creo yo.

Una luz deja de ser luz en cuando le apagas la luz

Podríamos pensar que las luces de las botellas quieren volar, desean salirse de su encierro y aprovechar la puerta abierta para salirse de la cava, pero no es verdad. 

Para eso estábamos allí nosotros, para sujetarlas y reprimirles sus deseos. 

Sí, a todas ellas aunque fueran muchas, y acepto que no debió ser fácil, como respuesta vuestra. Y no lo fue. 

Pero una luz deja de ser luz en cuando le apagas la luz.

Las botellas que esconden amores y alegrías

¿Cuántas fiestas se encierran entre estas botellas sin abrir todavía? ¿Cuantos abrazos, recuerdos, alegrías, sexos, diálogos, lágrimas? Ellas mismas quieren salir pero no saben encontrar la puerta, nos están esperando, pero cuidado, pues dentro de cada una de ellas se esconden deseos y energías junto a promesas y sonrisas. No las deberíamos defraudar.

Dejemos al otoño entrar. Es necesario

Quiere venir el otoño, dejémosle entrar pues con él nos viene el avance del tiempo. Necesitamos renovarnos y poder tirar las pieles viejas y ya muertas.

Sin el otoño no vendría el invierno, y lo que es peor, no saldrían nuevas flores en primavera. Aunque ya no seamos nosotros los que brillemos con nuestra juventud.

Darle la vuelta a la vida no es tan complicado

Si damos la vuelta a la vida seguimos teniendo lo mismo que antes, pero tal vez con otros reflejos, con algunas distorsiones que enseguida se calman a poco que el viento sople a favor.

Se mantienen los colores, los enfoques, incluso se adivinan claramente las formas. Pero hemos dado la vuelta a la vida. 

Si acaso lo que queda boca abajo son las aceras y caminos por donde creíamos avanzar. Así que tendremos que inventarnos otros.

Se nos olvidan los recuerdos reales

Todo se modifica en nuestros ojos, y depende de cómo queramos ver algo, así será. Y lo curioso es que lo recordamos como queremos recordarlo. Esos recuerdos se van modificando y necesitamos a veces presentarnos otra vez a las miradas de la memoria, aquellas escenas que vimos y cazamos. 

Es muy posible que ya no lo recordemos así, que nos sorprenda la imagen recogida y guardada. Somos selectivos en los recuerdos de las miradas.

Ya suena a Navidad y vosotros no lo sabéis

Es imparable, es inevitable, es incluso bueno. Vuelve la Navidad, ya está aquí, preparada, agazapada para caer sobre nosotros. Y sobre nuestros bolsillos. La Navidad es parte de nuestra forma de entender los años, de consumir los bolsillos, de ver luces y sombras, de discutir con nosotros. Y con los demás.

Creéis que se acaba el verano, que vamos a entrar en un otoño caliente, como todos, pero es mentira, lo que vamos hacer es prepararnos poco a poco para la Navidad. Os guste o no. Ya suenan los villancicos en la cosas de los diseñadores. Los catálogos se empezaron a fabricar en junio, esos van por adelantado.

Zonas de confort tremendamente inútiles

Una zona de confort es un lugar fácil, muy conocido, ya explorado, sencillo, cómodo, donde no hay que explorar ni trabajar sino tan solo dejarse llevar. Estar.

Las zonas de confort son una trampa pues nos sujetan y aprisionan, evitan que innovemos, que salgamos al frío a conocer nuevos animales humanos o inhumanos. Lo cómodo en realidad es lo contrario a lo útil.

Pero las zonas de confort pueden ser feas, tremendamente inhóspitas, absurdas e inútiles. Podemos encontrarnos bien, simplemente por que no hayamos explorados otras mejores.