Manchas para reconocer que no sabemos ni donde estamos

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Son tiempos de manchas, de imágenes, de miradas, de sensaciones, de provocaciones interiores. Son tiempos de no ver nada para poder ver todo, para adivinar e imaginar, para quedar sorprendido de la nada, y darnos cuenta de lo poco que somos pues cualquiera puede ser algo. Son tiempos de emprender con al Arte, de comprar y vender, de engañar y disfrazar, del trampantojo y la mentira, De la verdad disfrazada y de la decoración con ideas y mensajes.

Sobre todo es tiempo de cambios, de turbiedades, de búsquedas de caminos. De no saber a donde vamos, pues no sabemos donde estamos. Y sobre todo no queremos estar donde estamos.

Calle del Chorrito en La Alberca

En los nombres de las calles está sin duda el espíritu del momento. Calle del Chorrito, nos imaginamos que del chorrito de la fuente del pueblo, de La Alberca. Queda un nombre muy simpático, que se conserva como es lógico, pues las historias de los lugares no nos pertenecen a nosotros, sino a todos, los que estamos, los que estuvieron y los que estarán.

Catedral de Santa Eulalia de Barcelona

El Altar Mayor de la Catedral de Barcelona con una representación moderna de la exaltación a la Cruz es solo un detalle de la belleza de este edificio gótico que forma un conjunto de los mejores de España. Dedicado a Santa Eulalia, cuenta en su claustro con 13 ocas blancas que representan la edad de la santa cuando fue martirizada.

Una flor siempre va envuelta en sentimientos

Una flor siempre va envuelta en un sentimiento. Está viva o muerta, siempre está viva. Las flores hablan por quien las recibe y desde quien las entrega. Son elementos muy gratificantes que siguen entregando amor mientras conservan la forma.

Me miró como pensando que estaba loco. Y lo estoy.

La rosa flor rosa no era una rosa, pero puesta sobre un fondo neutro parecía una luz. Nacer para ser un adorno es muy poca cosa. Así que la fotografié para que se sintiera un poco mejor. Y se lo dije. Me miró como pensando que estaba loco. Y lo estoy.

Aquellas damas habían logrado detener el tiempo con unos lápices

En aquel patio, estar sentadas en el suelo dibujando la historia, me pareció un lujo de sueños. No eran niñas sino libres, sabían que hay otros métodos para retener en la memoria los recuerdos, pero la sencillez del lápiz, de la pintura sobre papel, del carboncillo, es como un milagro que ayuda a crear luces y sombras. Aquellas damas habían logrado detener y retener el tiempo.

Un elefante beodo dentro de un caos inentendible


Dentro del caos todavía se pueden encontrar colores, formas reconocibles, elefantes en su senda abrazados a la botella, dibujos que hablan de muerte y de más caos. Todo se mezcla, se va llenando de más elementos hasta convertir todo en algo inentendible. Pero esa es la ruina del entendimiento. Quedan como focos, la mirada traspuesta del elefante beodo.

Tener la cabeza cuadrada es más normal de lo que parece

No me atreví a quedarme mirando los ventanales, no fuera a salir alguien con la cabeza cuadrada. Podría parecer imposible, pero peores cosas he visto en mis charlas con la gente. Tener la cabeza cuadrada es más normal de lo que parece.

Las estrellas dicen que los fugaces somos nosotros

Las estrellas dicen que los fugaces somos nosotros. Ellas perduran, incluso sabemos ya que cuando las vemos es en el pasado, que nunca las podremos ver como realmente son ahora, pues nos iremos antes. Curiosidad del tiempo que creemos dominar y nos mantenemos engañados para ser felices.

¿Quien vivirá más, los clavos o la madera?

Dicen que en la vieja madera convivían un sencillo clavo y un clavo de alta alcurnia. Ambos de edad decreciente, ambos oxidados y casi negros, pero manteniendo sus gallardas figuras, pues no querían confundirse. 

El uno bien pegado a la madera, demostrando su papel de embellecedor, de oronda figura hermosa, de venir de buena fundición. 

El otro sobresaliendo como podía de entre la madera y sin trabajo fijo que demostrar, pero con sombra de sol naciente.

Ambos había soportado los golpes y las caricias, el fuego y los fríos. Pero los dos lograban mantener su puesto, cumpliendo la única misión que tenían encomendada ahora. 

Vivir más que la madera.

Cielos dramáticos de otoño en Anzánigo

Son días de cielos dramáticos, de luces cortas, de tormentas de final de otoño que invitan a seguir en el hogar, junto a las castañas y el fuego. Son tardes ancestrales, de recogida, de diálogo, de soñar. Son días para mirar por la ventana de la cocina del pueblo. Este cielo es de Anzánigo, de un día de sol y frío, de recogida y hogar con maderos.

Si miramos vemos. Incluso distorsionado, pero vemos

Si miramos vemos. Incluso distorsionado. Pero vemos.

Las luces cambian de color según el cristal con el que se mira, pero también según el color del cristal sobre el que se reflejan.

A veces los renglones torcidos son efecto del calor, otras de saber leer o incluso de saber mirar.

Una flor en la noche, antes de apagar las luces totalmente

En las noches viejas, en las noches oscuras de luna escondida no hay flores. En esas horas hasta que vuelva a salir la luz, las flores desaparecen escondidas por el negro. En los campos no hay luces de fuera. Así que las flores descansas o huyen. Nadie sabe bien hacia donde, pero se escapan pues los problemas que les damos los humanos ni las entienden ni les gustan. Luego con la luz vuelven a caer en la trampa y aparecen con sus colores para no disgustarnos más. Son unas blandas.

Estamos a punto de engañar a la naturaleza. Es única

¿Y si tras el otoño vinieran las lluvias templadas en vez de las nevadas y con ellas una florida época invernal? 

Podríamos engañar a las plantas, esas amigas necesarias para vivir. Estamos engañando a todos, a los ancianos, a los pensionistas, a los enfermos, a los parados. 

¿Por qué no engañar también a los almendros, a los girasoles, a los perales, a la alfalfa y hacerles creer que ya es primavera? Vamos camino de ello, cada vez nos falta menos.

El cisne me dijo que llevaba una cámara vieja y obsoleta. Creo

Aquel hermoso cisne se acercó hasta mi lentamente en busca de comida, pero al ver mi cámara pequeña disimuló y se me escapó lateralmente. Debió pensar que con aquella mierda cámara yo no era de los de comida de calidad.

Me le quedé mirando con cara de arrojo y le espeté a la cara: —Chato, tú estás sobre agua negra, aunque vayas de blanco inmaculado. Así que no exijas tanto.

Como es lógico suponer no había nadie más escuchando mi conversación. Él me obvió y yo me quedé mirando la cámara. Creo que debo cambiarla por otra mejor, si.

Para ser el puto amo, nada como ser un poco cliente

Para que nos hagan caso en la vida, lo más sencillo es convertirnos en clientes. Ser cliente es demostrar que tienes dinero para consumir. Si eres cliente tiene razón y razones. Eres el puto amo. Los mierdas empleados están a nuestro servicio, todos, nos adoran, nos alaban, nos escuchan, nos bendicen. Lo malo de todo esto, es ser empleado para poder ser cliente durante unos minutos. Dura más ser esclavo del cliente, que ser cliente del esclavo.

Nadie sospechó en ese momento que podría ser el Espíritu Santo

A veces el espíritu no es un santo, es simplemente un guiño o un capricho. Incluso podríamos decir que el espíritu casi nunca es santo. Sobre esta cúpula se acercaba una paloma en vuelo picado. Pero no se la esperaba. Nadie sospechó en ese momento que podría ser el espíritu santo en vuelo de reconocimiento. Así que le dejaron pasearse a la velocidad que le dio la gana. Nosotros la pillamos con la cámara, pero no quisimos decir nada.

Puerta que ya olvidó quien le abría y cerraba

Las viejas puertas cerradas siempre esconden fantasmas. Nadie sabe quienes traspasaron esta puerta en su uso habitual. Señoras de alcurnia o jóvenes criadas, soldados o mozalbetes, caballerías o agricultores, doctores dispuestos a curas o sacerdotes con la hostia recogida, comerciantes o clientes, mujeres embarazadas u ancianos decrépitos. 

Miedos, alegrías, sinsabores, bellezas, esperanzas.

Son puertas de museo que ahora descansan de sus postigos sin acordarse de sus abridores. Ni de sus cerradores.

Nuestro derecho a la furia, huracán de dolor e ira, es legítima autodefensa

Nuestro derecho a la furia, huracán de dolor e ira, es legítima autodefensa.

A veces una frase suena a poética aunque sea dura y con algún error. La fuerza de la palabra es ten densa como la de las acciones cuando el cabreo se ha convertido en defensa empleando todo, por no quedar más posibilidades. Siempre a las ollas de presión hay que dejarles un sistema que expulse el exceso de aire comprimido. De eso entienden mucho los fabricantes de ollas a presión.

Setas en el parque otoñal sin sol naciente


Al pasear entre los parques de otoño uno se puede encontrar con setas de muy varada gama. Setas y hongos. Algunos son comestibles y otros no se dejan hincar el diente. Las hay venenosas y las hay artísticas. Son estas últimas las más grandes, las más duras, las más extrañas. Las que no solo se ven en otoño sino también en primavera. Son setas de todo tiempo, aunque abundan poco. Más bien muy poco.

Cemento engañando a madera. Pero no cuela el trampantojo

También las paredes se nos van convirtiendo en viejas y cada una a su manera. Las hay elegantes, de colores, sosas, raídas, estadías, extrañas, curiosas. Las hay que envejecen muy bien y las que se les cae el brillo a poco que el sol no sea generoso. Son como las personas.

Este cúmulo de cemento y cemento, de alabastro y más cemento queriendo imitar a madera, está en Bilbao. La luz ayudaba a engañar, a crear un trampantojo de madera cuando en realidad es cemento. Intenté que no se vieran las naturales flores, pero al final opté por dejarlas como muestra de que la vida todavía existe. No quise retocarlas, pues son el punto de fuga de lo que simplemente son formas de puré de cemento.

Las flores cuando mueren lo hacen como todos, por decrepitud. Les cambian los colores y se mustian. Ya nadie entonces les hace caso.

La Catedral del Mar atrapa las grandes piedras hacia el techo

En el siglo XIV se construyó esta Catedral del Mar, Santa María del Mar, por los góticos que vivían en la Barcelona del mar, del transporte, del comercio marítimo.

Imaginemos un enorme templo de piedra, que como si de una construcción elemental fuera, se van poniendo unas piedras sobre otras hasta construir un enorme templo. Pero imaginemos que lo hubieran construido de la forma más sencilla de todas, girado 180º con el techo en el suelo y las columnas levantándose hacia arriba. Sería la manera más sencilla de ir edificando piedra sobre piedra, con la gravedad atrayendo hacia el tejado cada nueva pieza. E imaginemos que tras terminarlas, alguien fuera capaz de darle la vuelta, de volverla a girar otra vez 180º para que quedara de pie. Esa es la sensación de esta templo. Todas las ornamentaciones de las columnas, la gran altura de estas, parecen atraer todo hacia el techo, atrapar como si fuera un enorme imán, todo menos los espectadores, que nos convertimos en pequeños elementos sin importancia.

Flor azul de color imposible. No es de plástico, se avisa

Podría parecer una flor imposible, pero en cambio no está retocada de color, sus azules centrales son reales y se nos presenta así para llamarnos la atención. El mundo está lleno de colores escondidos, tantos, que no somos capaces de diferenciar todos. La imagen es de un parque de Birmingham.

No es bueno estar a la sombra de las flores verdes. Ni seguro


Los morados se escondías detrás de los verdes, como a su sombra, pero estar a la sombra de alguien trae sus problemas. El contingente de diminutas flores amarillas del interior de las flores moradas se han convertido en florecitas verdes por contagio. Esconderse no es el camino para nadie, tampoco para las florecitas que aspiraban a ser amarillas. Pobretas, nunca destacarán sobre sus sombras.

Vive bamboleándote en un embarazoso barco durante unos minutos

Ver la vida pasar a través de un barco es como separarte de la orilla de los demás para entrar en la bolsa uterina y soñar otra vez con la calma y el silencio. Pocos pueden vivir sobre el bamboleo de un barco, en algunas ciudades se permite en sus canales o rías el establecimiento fijo de viviendas estrechas que semejan embarazos alargados. Pero también hay restaurantes y cafeterías que por un precio díscolo que depende del barrio de asentamiento, puedes tomar un café pensando que aquello se mueve, pero tú no.

Hay que aprovechar la mínima energía para hacer más con ella

Estos días nos llueve para secar más todavía las hojas del otoño. Es como darles vida falsa a las que ya han perdido el contacto con el tronco del árbol. Muchos de nosotros no somos ya capaces de disfrutar del agua de la vida sin tener presente que las experiencias acumuladas en la mochila, nos impiden beber toda la energía que se nos trasmite. Así que hay que aprovechar la menor energía para hacer más con ella.

Flores de color frío para calentar el otoño húmedo

Las margaritas no son flor de otoño frío, pero las necesitamos. Si hay alguien que se preocupa en traérnoslas, para que no se nos olvide que las flores también existen cuando hace frío en nuestras calles, debemos darle un abrazo. Aunque sean magentas o moradas, que parece un color un poco triste y frío.

Podría parecer un sol y lo es. Pero sonoro

Podría parecer un sol y lo es. De cristal. Podría parecer el techo de un edificio importante. Y lo es. Del Palau de la Música. Quiso el arquitecto que la luz natural entrara tamizada en colores amarillos oro, para inundar las mañanas de música. Y lo logró. Nada más se puede decir que contemplarlo mientras escuchas como la música te inunda de bríos y silencios, de tonalidades muy contrastadas. Siempre te sientes muy pequeña, pues lo importante es la luz y la música.

Dibujar es muy fácil. Depende el qué

Dibujar es muy fácil y relajante, reproducir en un papel algo que tenga un parecido con la realidad ya es más complejo. Pero dibujar no siempre es eso, no todos tenemos esa facilidad maravillosa de algunos, para con cuatro líneas o con el trabajo de todo un día cuadran en proporciones, sombras y luces un objeto real hasta casi convertirlo en una fotografía.

La verdad es que de niños todos sabemos dibujar y todos disfrutamos con el dibujo. Nunca de niños criticamos nuestros propios dibujos, los admitimos como maravillosos pues sobre todo es un juego y una buena manera de relajarnos. Dibujar es escribir sin letras.

Pero cuando escuchamos opiniones ajenas y estas nos empiezan a importar, es entonces y no antes, cuando empezamos a pensar que no sabemos dibujar y que es mejor no continuar con el dibujo. Nos están matando nuestra particular manera de ver y trasmitir, de plasmar en una hoja lo que creemos ver, lo que nuestra mano nos lleva a realizar.

Hay dibujos de Goya mal proporcionados, pero eso no les quita acción, capacidad de trasmitir una bella o dolorosa escena, incluso a veces con el convencimiento de que sus proporciones están mal realizadas a propósito.

Para dibujar lo más importante, casi lo único, es que quieras dibujar. Lo demás, en serio, sobra. Y dibujar es depositar trazos sobre una base, líneas o manchas, garabatos o collages, con un lápiz o con un dedo, con un pincelo o con un trozo de esponja, con un ratón de ordenador o con un bolígrafo Bic.

Es muy fácil dibujar, es simplemente trazar sobre un material aquello que te apetece trazar. Y sin enseñarlo a nadie, analizarlo y ver si lo puedes mejorar o no, si has logrado hacer aquello que querías. La primera vez que hagas una gaviota te quedará mil veces peor que la número cien. Pero si no haces la primera nunca verás hacer la número 101.

No hay que tener miedo al miedo. Si acaso a los que lo producen

Los miedos son relativos. Dependen de la ganas de mirar que tengas en ese momento. Si tienes ganas de tener miedo está asegurado el temor provocado por un ligero movimiento de aire sobre unas cortinas. Pero también puedes provocarte tú mismo el temor, a poco que pongas una iluminación provocativa. Provocativa para favorecer el miedo. La oscuridad encaja, pero a ser posible solo parcial, para que te ayuda a intuir, a creer que adivinas lo que no existe. El miedo es una sensación gratificante como otras muchas. Aunque produzca miedo creerlo.

Yo es que nunca tuve ojos azules, así que no lo sé

Tal vez los ojos azules sirvan para atrapar moscas, o tal vez para mirar más claro. O incluso para caminar por la noche produciendo miedos a los que osen mirarte a los ojos. Incluso puede que los ojos azules sean más fríos y así te tengas que centrar más en el resto del cuerpo. Yo es que nunca tuve ojos azules, y por eso no lo sé.

Adoremos los magentas y tostados, mientras nos invade el otoño depresivo

En otoño los colores se vuelven ocres para dejar salida a las pensas. Por eso en otoño las depresiones parecen atacar más, cuando simplemente es que luchan por salir, por dejar espacio para la primavera.
Para que los colores de la primavera vuelvan a inundar nuestros pensamientos, antes, siempre, hay que agotar los ciclos, los otoños y los recogimientos del invierno. Mientras tanto, adoremos a los magenta y a los tostados.

Una luz coqueta para dividir espacios desde la oscuridad


Era una simple manera de iluminar el salón del comedor. Pero resultaba un embeleso que te atrapaba en el ambiente escasamente iluminado que iba ganando luz según pasaban los platos. Aquel restaurante no era africano aunque lo parecieran las paredes. Era simplemente joven y moderno. Pero la forma de obligarte a encerrarnos en nuestra mesa, junto a las velas que rodeaban tus viandas, eran un detalle que ayudaba a crear ambientes cerrados dentro de un espacio pequeño, donde era complicado hacer divisiones. Atrapé este detalle de una lámpara pues me resultó coqueto.

¿A donde se van los colores cuando se mueren?

No entiendo bien por qué a las hojas de colores se les cae este cuando se hunden en el suelo. Los muertos siempre son grises, a lo sumo marrones. Pero se igualan de color. O somos capaces de pintarlas de colores o las hojas muertas se quedan sin personalidad, todas iguales, en espera de ser polvo de nada. Todos seremos polvo. Y a todos nos robarán los colores. Pero nadie nos dice donde van los amarillos, los verdes, los morados, los azules, los rosas. Se van y punto.