Los patios árabes españoles producen calma tranquila

Los patios árabes ayudan a la meditación, a entrar dentro de uno mismo y revisarse. Los patios árabes españoles están llenos de agua que suena o de plantas verdes que contrastan.

La tranquilidad debe ir acompañada de la soledad o de la buena compañía. Depende de momentos. La geometría también ayuda en la tranquilidad de espíritu y es esa mezcla de agua, calma y composiciones bien diseñadas sobre el espacio, los que crean el milagro de la belleza tranquila.

Por los pobres vivió Jesús; por los fetos los fariseos

La gallardía de moverse con tremendo cartel, le elegancia en el paso aunque el pantalón le pillara un poco corto, la mirada al frente y el mensaje un poco embarullado aunque su figura con gorrilla de aparcacoches le delate, indican cuando menos un hombre con las ideas claras. ¿Claras?

Bueno: nadie tiene hoy las ideas claras, incluso quien las tenían ha ido viendo como se las hacían perder.

Historias de una gran chimenea aragonesa

Aquella chimenea contenía humos de variadas comidas, de muchos inviernos muy fríos, de tertulias y peleas, de amores y desamores. Pero todos los humos se callaban sus historias. Eran humos anónimos excepto para ellos mismos.

Aquella chimenea era tan grande que recogía humos del horno de pan, del hogar de la cocina, del calor que acompañaba a la cadiera, de varias familias del pueblo que pasaban tiempos y charlas a su vera. Casi tres siglos soportando el calor, se quejaría de haberle preguntado.

Me gustó romper el agua que caía sobre el agua amansada

El camino llevaba a la fuente del agua clara que no paraba de manar. Lo de menos era el agua, en serio. Lo que más se agradecía tras aquel camino del jardín era el sonido, el romper el agua que caía sobre el agua amansada.

No había nadie, el agua y yo. El jardín y el agua. Estaba nublado como queriendo mandar más agua todavía, pero me acerqué a tocarla, pues si algún agua me interesaba era aquella de la fuente que sonaba.

Su belleza simplemente es diferente a la nuestra

Se te acercas te entra miedo verlo. Pero es que hay que acercarse para poder notar su poder de influencia, de color y olor, su sentido de vida. Nadie estamos de más, pero lo que resulta natural menos que nadie.

No sabemos (no sé) para qué puede servir, pero si ha logrado aguantar miles de años viva, evolucionando en mundo hostiles, tendrá alguna utilidad y sentido. Aunque nos parezca fea de narices, su belleza simplemente es distinta.

Pescar planetas es muy entretenido, pero complicado

Pescar planetas es una opción si el tuyo no te gusta. Es posible pescar planetas pero necesitas una caña muy larga y un sedal muy fuerte. Sí, y mucha paciencia hasta que algún planeta loco se atreva a picar en tu caña de pescar futuros recambios a tu planeta.

Si quieres recambiar tu cueva y crees que todas las cuevas de tu planeta son inútiles y ya no tienen solución puedes intentarlo, sobre todo tu ilusión por buscar una salida te curará la incertidumbre.

Pescar planetas es muy entretenido si tienes mucha paciencia, pues hay muchos en donde poner las ilusiones. Suerte.

Los pinchos de la flor de la borraja son suaves como la vida

Los pinchos de la vida son suaves en la mata de borraja. Compensan con creces la ligera molestia que produce al cogerla con la mano y apretar. Nunca hay que estrujar en la vida, la suavidad es un buen consejo.

Para compensar los pinchos de la borraja, ella misma nos ofrece una flor maravillosa, extraña, curiosa, que casi produce miedo. Parece la flor de una planta carnívora, llena de defensas con pinchos de cardos borriqueros. Pero aunque son de la misma familia, no son borriqueros. Sucede mucho, nos confundimos por las apariencias pero solo son eso, apariencias falsas.

Pelusa blanca, dispuesta a volar

Una pelusa blanca es de lo más etéreo que existe en el mundo. Nace y crece hasta convertirse en esa bola blanca que vemos en la imagen,  dispuesta para volar en cuanto el viento sople con ganas. Su única misión es precisamente volar, que las semillas caigan lo más lejos posible de la planta madre. Son semillas diminutas, pero son vida nueva, con arquitecturas naturales que sorprende como todo lo natural. Bellezas en forma de pequeños paraguas dispuestos a volar en busca de nuevas tierras.

El campo tiene estos secretos

Cuando uno viene del campo, de unos días oliendo hierba y escuchando a las flores, que también hablan pero bajito, todo le parece falta de color, de aire, de silencio.

Nos vamos acostumbrando a lo artificial, a lo hecho por nosotros. Pero la belleza se esconde en las pequeñas cosas, en lo leve, en lo que solo podemos mirar unos días pues enseguida desaparece. Hay colores que embriagan.

En los espejos nos vemos al revés de como somos

Si una araña se ve reflejada en un espejo se preocupa pues piensa que ya son dos a la hora de repartir la poca comida que encuentran. Pero los humanos sabemos que tras el espejo está la mentira. No nos vemos en el espejo como somos sino al revés de cómo nos ven los demás.

Creemos que nosotros somos como nos vemos en el espejo, pero en realidad es falso. Somos como nos ven los demás, que es al revés de cómo nos vemos nosotros. Siempre creyéndonos lo contrario de la realidad. Un auténtico lío.

No es tiempo de otoño, pero volverá

No es el tiempo del otoño, no del de ver hojas amarillas y secas. Pero por eso os traigo esta imagen, para que no olvidemos nadie que tras los otoños siempre vienen las primaveras, pero que también, tras todas las primaveras vendrán los otoños.

Siempre hay que estar preparados para los cambios, para adaptarnos a lo que nos vaya viniendo y que siempre hay que intentar vencer. Flexibilidad, calma, empatía con todas las situaciones, autoestima y ganas de seguir peleando por vencer en la vida. Por vencer y por seguir ayudando a quien es más débil y no siempre puede ir a la velocidad necesaria.

Pelillos en la flor. Para defenderse

Me gustan los detalles, los pequeños detalles que pasan desapercibidos. Los que no se ven con facilidad pero existen. Es una simple flor de geranio, todavía no ha podido enseñarnos sus encantos rosas y blancos pero ya nos muestras sus pelillos. Tal vez sea una forma de defensa siendo débil, cuando todavía no es flor, contra los insectos que desearía entrar a libar antes de hora. Mañana ya será flor.

Flores de un manzano que se prepara para llegar a la mesa

Simplemente flores de manzano. Pero solo unas pocas flores de todo el árbol quedarán para crecer y engordar, mientras tanto son hermosas flores blancas, pasto dulce de abejas y avispas, de hormigas que las buscan para relamérselas, mientras el leve aire las mueve tal vez para impregnar con su suave olor el ambiente, llamando a los insectos.

Los pistilos amarillos son largos y llamativos, curiosos si pensamos que terminarán como manzanas ¿no? Visto de cerca nadie podría pensar que terminarán gordas y orondas manzanas verdes.

Caminos pedregosos que engañan la mirada

A veces los caminos son rematadamente malos aunque lleven a una meta maravillosa. Pero cuando estás dentro del camino es complicado imaginarse el lugar al que te acercas, al sitio a donde vas. Solo ves, a veces, lo duro que es el camino, lo complicado que resulta ir avanzando por la vida.

No mires al suelo, fija tu mirada en el frente. Cuida en no caerte pero piensa de donde vienes y a donde quieres llegar.

Nadie se acuerda de los caminos, excepto que sean precisamente estos la meta que quieres alcanzar con tu marcha.

Flor frutal de primavera nueva


Tras las lluvias y fríos vienen los soles en ayuda de las flores frutales. Es la vida que aparece para asegurarnos que todo sigue igual, que seguimos avanzando aunque no tengamos claro hacia donde. Somos ajenos a lo importante, que aparece sin preguntarnos nunca si estamos preparados para ello. Tal ves si pudiéramos detener lo inevitable cometeríamos el error demasiadas veces, por miedo casi siempre, de no dejar que naciera la primavera.

Me gustan los patitos guapos o feos. Son tan débiles


Me gustan los palomos, los patitos guapos o feos, los indefensos animalillos que se dejen acercar para verlos comportarse entre los edificios de una gran ciudad. Son como animales de compañía pero en plan callejeros hasta que un chino los pilla para servirlos laqueados.
Sus naranjas, amarillos o azules los convierten en machos bonitos, algo que para sí quisiéramos los humanos, feísimos todos aunque ahora algunos se depilen. Podríamos ser como los patos. Llenos de colores.

Vivo aquí. Pero solo momentáneamente


Vivo aquí, cerca de esta agua, en la orilla contraria a donde nací, pero siempre cercano a las aguas. Ahora paseo muchas veces cerca de estas piedras, creo que contienen muchas historias, vidas y muertes, guerras y amores. Son un marco, un detalle poco utilizado para remarcar. Pero otras generaciones lo harán mejor que nosotros. Todo esto no nos pertenece a nadie, al revés, somos nosotros los que les pertenecemos a ellas. Perdurarán. Nosotros no.
Las aguas corren y vuelan, pero estoy seguro que son siempre las mismas, que van y vuelven, se van y  regresan a pasar.  Sería bonito que alguna vez también nosotros pudiéramos retornar por encima de las piedras para ver qué queda de ellas.

Contemplando cómo su vivienda habitual se llenaba de más agua


Es su vivienda habitual y cuando está medio destrozado lo lógico es que lo contemple preguntándose el por qué. El río venía lleno, casi desbordado, pero la primavera ya había calentado los ribazos y las ganas de poner huevos aumentaban.
 No era ocasión, con aquellas aguas, se preguntaba el pato; tendrá que esperar la hembra, se dijo dubitativo.
Y siguió mirando las aguas llenas en busca de más calma.