La vigilante de la playa de San Sebastián


Era la vigilante del parque, la que oteaba desde lo alto quién entraba y salía, quién tenía buena sensación y quién venía con ganas de estropear. 

A veces se movía desde su trono en busca de mejores vistas o para intuir lo que podría suceder si las visitas no se comportaban. 

Sus gritos delataban a los incorrectos.