La vida se escapaba mientras mirábamos al suelo

El grito de vida se le escapó tumbado en el suelo, 
                                                                           mientras le reanimaban los que no se conocían. 
                Vecinos de calle le miraban con estómago encogido, 
                          mientras el silencio se ocupaba en tapar la hierba.
                                                                       Su grueso cuerpo destapado se movía acompasado, 
                               por los movimientos espasmódicos de un joven doctor agotado. 
                                                      Ni los coches de policía que llegaban, 
                pusieron las sirenas para no molestar al silencio. 
No se entendía nada, 
                                                                              no se vislumbraba la fina línea entre la vida y la muerte, 
pero estaba escondida entre el silencio y el temor, 
                                                                          entre el suelo y el cielo, 
entre los intentos y los deseos. 
                                        No supe el final.

Con los enemigos, la misma atención o más que con los amigos

…pues en el ruido que hacen los contrarios
se puede adivinar sus puntos flojos, 
sus adornos falsos, su camino abierto;
para así ganar la batalla.


A los enemigos hay que escucharlos 
para interpretar su mirada,
con las mismas ganas que se tiene en ser más libre, 
pero sobre todo victorioso.

Y descubro que ya no soy yo

Lentamente me acerco al espejo
miro de frente y no me encuentro,
no soy yo,
si acaso mi padre algo joven todavía,
hago gestos,
muevo la boca,
giro hasta ponerme de perfil,
no, no soy quien me imaginaba que era,
y me retiro hacia la puerta sabiendo
que ya no me reflejo
que me he vuelto invisible y ya no existo ni para mi

No sé si existo o si todo es una simple mirada engañada


No sé si existen los besos inesperados, los abrazos gratuitos, los amores desesperados, los caminos inexplorados, las miradas inexpresivas, los gritos silenciosos, los gestos vacíos, las sonrisas gratuitas, los contactos fríos, las reuniones inútiles, las relaciones odiosas.

No sé si existes tú, simplemente porque incluso dudo de si existo yo. 
Tal vez seamos ambos una manera de movernos por la nada, dejando olores y sabores flotando, 
entre otros muchos perfumes desconocidos. 
No sé a donde voy ni sé por qué me muevo así. 
Me dejo llevar y te encuentro todos los días. 
Con eso me doy por muy satisfecho.

El monstruo era pobre; y además no tenía buena cara



Miré hacia arriba y encontré al monstruo, era ojigrande, cuellicorto, larguibrazo, ipatoso. 

Era cariñosamente dulce y me sonreía con baba de color avellana, acercándose hacia mi con pasos extraños y lentos. 

Creo que intentó decirme algo pero juro que no entendí qué; creo que preguntaba por una calle. 

Le miré de arriba abajo, abrí los ojos como si de un conocido se tratara, sonreí levemente y le lancé una moneda al suelo, mientras daba media vuelta.