Un premio es eso, simplemente un maravilloso "Premio"

Yo creo en los milagros. Pero no en los milagros por mediación. Si en los milagros casuales. En las casualidades milagrosas, en las torpezas maravillosas que se convierten en renglones torcidos, no esperados. No todas las equivocaciones son malas, no todos los milagros son buenos. 

No creo en la divinidad humana. Menos en la divinidad inventada por los humanos. Pero creo en los milagros caprichosos que tuercen —a veces maravillosamente— los caminos rectos en torcidos. 

¿Quién dijo que los caminos que no son rectos son peores?

Hoy nos han concedido el “Premio Dardos 2010”. No me siento capaz de elegir a otros maravillosos blog, no en un número de 15. Visito decenas de ellos, pero no me siento con categoría para concederles un premio. ¿Quién soy yo para eso, si no creo en las divinidades? 

Yo creo en los milagros y que me concedan un premio está muy bien, tanto, que no quiero que lo tengan otros más. Soy un asqueroso egoísta.

Yo escribo para vosotros que soy yo. Para yo que soy un vosotros


Para mi

Escribo para mi

Escribo porque me gusta

Escribo porque necesito lectores

Escribo porque deseo vaciar mi interior

Escribo y consigo quedarme vacío de mi basura

Escribo y además consigo que me leáis,  pequeños locos

Escribo y gracias

Para tí

Tengo miedo a un papel morado


Tengo miedo. 


No os voy a decir a qué, pero tengo miedo a un papel. 


A una carta.


Alguien ya sabe en algún lugar qué dice esa carta. 


Yo no. 


Alguien ya sabe la solución a algo muy importante que me afecta brutalmente. 


Yo no.


Tengo respeto mezclado con temor. 


Y no, no es un asunto de salud. 


Menos mal.


Si sabemos escuchar, somos capaces de resolver los mayores problemas del mundo

Los instantes maravillosos que envuelven la amistad beben del silencio de escuchar, de la entrega por resolver, de los apoyos para defenderte.

Si es necesaria la amistad es sobre todo para agarrarte a ella en la defensa de las ganas por vivir. Cuando más necesitas respirar profundamente en busca del aire de la vida, más necesario es tener amigos que te escuchen y te abran ventanas, te indiquen caminos nuevos, te retiren piedras del camino.

Simplemente escuchando, tocando, abrazando, dando calor en una mano, se puede resolver el mayor problema personal, porque en ese instante te vuelves a sentir feliz, te crees todavía vivo y capaz.

¿Qué hemos hecho hoy por los otros?, ¿qué podríamos hacer mañana?