La depresión de los días sin luz


Hay días apagados. Sirven para dar brillo a los que vendrán después. 

Nada como tener la energía de aguantar los días idiotas..., 
sabiendo que vendrán otros que los taparán.

Brevedades sobre un cuadro naranja



La soledad de quien no tiene un camino abierto delante, es mayor que quien dispone de una apertura imposible.


Las sombras siempre permaneces abajo, nunca arriba; siempre son más oscuras que la luz; siempre son irregulares; aparecen y se van sin avisar.


Salirse de los marcos irregulares es la mejor solución para buscar nuevas luces, distintas sombras, puertas diferentes abiertas o cerradas.


La elegancia es la única manera de ser elegante. La normalidad no es la única forma de ser normal. La locura es la única manera de sobrevivir.

La muerte para un ateo es más muerte. Es la desaparición total.

Hoy se me ha muerto un amigo más. Da igual el grado; cuando se acude al tanatorio ves que todos somos iguales, que todo es allí igual, que repetimos las mismas tonterías mientras las visitas obligadas se dividen en grupos. Cuento personas y salgo perdiendo siempre. Observo mucha gente de pésame y me entra envidia de mis pésames que yo no veré. Me da igual la muerte, porque me da igual que no me de igual. La muerte no lo iguala todo, pero convierte a todo en un igual. Aunque algunos tienen más iguales que otros.
Hace calor, tanto que pienso por un momento en el muerto. Se estará descomponiendo más rápido, me digo, y aunque sé que en su habitáculo están refrigerados, me convenzo de que no es así, porque el calor es igual para todos. No puedo admitir que el muerto no sea igual al resto, por mucho que sea el protagonista.
Está abierta la caja, la familia lo dice para avisar y nadie quiere acercarse a verlo. No entiendo bien cual es la decisión más inútil. Si se cierra no se ve, y si no se ve no está. Pero si se deja abierta no se mira y si no se mira es como si no estuviera. No sé que pensaría el muerto al respecto. Yo no quiero ser visto una vez muerto. Es un asunto muy personal que sólo quiero conocer yo. Frente a la gran cristalera hablaban del desempleo y del fútbol, de lo alta que está la nieta y de un abrigo que molesta. El muerto no dice nada. Los demás no miran el cristal. Como si no estuviera nadie detrás. Efectivamente, ya no hay nadie detrás.

Cómo curar el mareo que producen los enemigos


Las mariposas del estómago me han invadido la cabeza. Están jugando con mis ideas hasta marearme, no dejándome pensar con la calma que necesito para respirar. Se han adueñado de mi pensamiento para destrozarlo. Son las espías de mis enemigos que les hacen el trabajo sucio. Con estas mariposas no necesitan más armas mis desleales. Ellas hacen el trabajo sucio de corromper mis defensas. Respiraré más profundamente todavía.

Las cadenas que nos unen los unos a los otros son todas diferentes

No son tiempos de culturas ni líricas, de poner en valor las artes, de dedicar tiempo personal o colectivo al cuidado del pensamiento, al crecimiento interior. Aunque la verdad sea dicha, creo que nunca es momento para prosperar interiormente ni de forma colectiva ni de forma privada, si no es a través de una gran lucha interior contra uno mismo. Siempre el mundo y con él su sociedad ha valorado muy poco todo intento por crecer en conocimiento, por disfrutar de las artes, por ser más felices por el interior y no por el exterior.
Así que tal vez estos tiempos de hoy no sean peores que otros de ayer o que incluso los que tengan que venir mañana. También es cierto que las personas que quieren elegir las miradas más interiores, suelen pasar de las circunstancias que golpean la sociedad, tal y como hacer las contrarias con los que intentan cultivarse y contemplar la valioso sin precio. Tal vez estamos llamados a no entendernos. Gracias a estos desencuentros, logramos que subsistan las dos formas de entender la convivencia y la sociedad. Los que buscan algo más (o mucho más) que sobrevivir y los que creen que para vivir y convivir antes hay que llenarse por dentro de pensamientos e ideas.
Que cada persona sea libre para elegir su forma de mirar el mundo, de vivir su vida, de convivir con sus circunstancias y entornos.

Quiero ser el amante de tu belleza, pero no sé amar


Quiero ser
tu amigo infiel
acompañante quieto
espectador de tu mirada
consuelo en tus dudas oscuras
volador que surca cielos nublados
trabajador incansable de tus enigmas


Pero no sé
comportarme
como es reservado
a los elegidos por la suerte
en disponer de un amor intenso
y así sentirnos tomados en el vasto
gozo del que sólo disfrutan los amantes