Todos tenemos escamas. Incluso los árboles y los peces


Si nos miráramos de cerca, muy de cerca, nos pareceríamos a las pieles de los árboles viejos, llenos de escamas que se nos caen, de pieles secas por la vida, de tonos amarronados y llenos de granos sin vida pero no muertos pues siguen creciendo. 

Las escamas son productos de las tormentas de la vida, y siempre molestan. Pero no hay que quitarlas pues dan personalidad. Una persona sin escamas ni arrugas en su interior es una persona vacía de pasado.

Vamos a crear un secreto y vamos a conservarlo secreto


Esta puerta, atrancada como casi todas, encierra un secreto. Enorme (o no) secreto que permanecerá siendo secreto para siempre. No sabemos qué hay dentro de ella, y no lo sabremos nunca pues no la pensamos abrir. Y además tampoco os voy a decir dónde está la puerta, para que nadie intente abrirla. Por eso y sin que la puerta se entere, hemos creado un secreto de la nada. Algo que existe pero que no sabemos ni vamos a poder saber nunca. 

Es posible que el secreto sea grande pero vacuo, idiota. Es posible. Pero no se trataba de crear un secreto importante sino simplemente un secreto pequeñito. Así de fácil es. Aunque sea un secreto que no interese a nadie. Pero… aunque no os interese, seguirá siendo un secreto. ¿No os pica un poco la curiosidad?

Nota.: La fotografía es de Luis Iribarren

Las paredes son color, formas, palabras, sueños


Con las paredes también se puede escribir, crear grafismos, casi morse. Palito, puntito, puntito, puntito, palito. 

Con la paredes se puede recordar, pues fueron contenedores de sueños, de vivencias, de tiempos y espacios vitales.

Con las paredes se puede aprender a contemplar en silencio que todos somos cáscaras de sustancias que vamos perdiendo hasta quedarnos secos. Aunque durante unos años nos quedará el color.

Una serpiente no venenosa que se mueve muy poco


Las paredes son los lienzos del presente, las hojas vacías sobre las que depositar las nuevas serpientes del verano. Las paredes son los lienzos gratuitos sobre los que practicar nuevas técnicas de Street Art sabiendo que durarán menos que la propia pared. Esta cobra es de New York, unos rasgos lineales que juegan con la ambivalencia. Está preparada para pasar desapercibida, para que no la veamos al pasar, y así su amenaza, pequeña, sea algo mayor. No pica, no muerde, pero se fija en todo.